miércoles, 8 de febrero de 2017

#meninofilia

Desde hace mucho tiempo Las Meninas, de Velázquez, me ha causado una atracción irresistible. Y llevo algo menos en que me he dispuesto encontrar el máximo número posible de representaciones, versiones, interpretaciones y cualquier forma de mostrar la gran influencia de este cuadro hasta nuestros días. 

Su influencia en la pintura, especialmente en artistas españoles, es sorprendente.  Cada cuál le ha dado su especial visión, lo ha interpretado a su manera, ha adaptado la iconografía, ha cambiado, ha mezclado ... en fin, que no se han podido resistir a recrearlas y ofrecérnoslas en sugerentes obras que me dispongo a compartir. 


Hoy me estreno aquí con una obra que me parece apasionante: El número secreto de Velázquez, que Salvador Dalí realizó en la década de los 60 del siglo XX para una exposición en Nueva York. Lo mejor de todo, además del monocromatismo de la composición, es haber cambiado los personajes de la escena y sustituirlos por números. Números del 1 al 9, dispuestos según la libre inspiración de Dalí y con la singular y triple repetición del 7. Algo que no es casual en un surrealista de 24 horas diarias como es el Genio de Cadaqués. 

"Dalí se identifica con el número siete, pitagórico y poético" dice Tomey l'Amo en su obra El nacimiento intrauterino de Salvador Dalí y puede que esa sea una de las claves de este triple siete que aparece en el cuadro que hoy traigo a esta #meninofilia 

Ninguna de las versiones ha sido una simple copia. Este de hoy no lo es menos y ya veremos como Dalí se recrea más de una vez en él. 

Mi #meninofilia es una manera de tributar mi admiración al cuadro de Velázquez y de su obra, pero también de las numerosas versiones realizadas por genios como Dalí.

Espero que les guste.  


domingo, 4 de diciembre de 2016

#4deDiciembre, Día de Andalucía


Paseando por la avenida del Gran Capitán, en Córdoba, contemplo algunas de las portadas que Diario Córdoba ha colocado a modo de exposición con motivo de su 75º aniversario. Llama la atención en la histórica cabecera que desde que comenzó a usar tinta de color, lo hace en rojo, que la portada del 6 de diciembre de 1977 aparezca con la impresión en verde. Es un homenaje a lo que pasó en Andalucía aquel 4 de diciembre de 1977 que hoy traigo a esta entrada.

39 años después, el 4 de diciembre sigue teniendo para mí unas connotaciones de marcada significación. Seguramente haberlo vivido en primera persona y en la etapa más sugerente del último cuarto del siglo XX, tienen un valor añadido. Y es lo que lleva a considerar con mayor carga de significación, recordando el valor de una fecha que quedó eclipsada por la del 28 de febrero.

Hablo de Andalucía, claro. Del sentimiento de la Autonomía conseguida con el tesón de un pueblo que la pidió desde la calle, desde la movilización y desde el sentimiento común de querer ser de primera. Hablo de una manifestación que sorprendió a propios y extraños y que motivó una convulsión política. Sobre todo en aquellos que no habían previsto que Andalucía, sería una de las nacionalidades históricas que reclamaría su sitio en el estado autonómico que estaba fraguándose.

Y el Pueblo Andaluz, ávido de libertades, necesitado de justicia y de reformas, no dudó en salir a nuestras calles y plazas. Lo hizo en grandes ciudades y también en pueblos pequeños. Lo hizo también en Madrid y sobre todo en Barcelona. No se escondió de aquellos últimos coletazos de un régimen agonizante ni de los peligros que entrañaba salir a la calle con banderas andaluzas, con símbolos prácticamente prohibidos y con el deseo de auto-gobierno para Andalucía. 


Sin las manifestaciones del 4 de diciembre, Andalucía no habría conseguido poner de manifiesto su sentimiento autonomista ni llegar al Pacto de Antequera para conseguir la pre-autonomía o luego llegar al 28-F para conseguir la autonomía plena del artículo 151 de la Constitución del 78. Sin aquella reivindicación de un Estatuto de Autonomía para Andalucía, el planteamiento del nacionalismo histórico o el concepto de estado autonómico, habrían sido distintos.

En medio de aquellas grandes masas de manifestantes, hubo un hecho trágico: la muerte de Manuel José Garcia Caparrós por un disparo de la policía armada, por intentar subir la bandera de Andalucía que el presidente de la diputación de Málaga había impedido colocar en el balcón. Una muerte que se convirtió en exponente de una reivindicación de la Andalucía real, la de la gente normal que se echó a la calle por Andalucía. La que hizo oficial una Andalucía en la que nadie quería fijarse.

Hoy es también domingo, como lo fue aquel 4 de diciembre de 1977, referente para la historia del pueblo andaluz que no debe olvidarse. Origen de nuestra plena autonomía y de una conciencia andaluza que, para muchos, representa el Día Nacional de Andalucía.

Una fecha que sigue más viva de lo que pueda parecer y que va recuperando su papel en el imaginario colectivo andaluz.

Feliz 4 de diciembre.

¡Viva Andalucía Libre!








@anrajimo

sábado, 17 de septiembre de 2016

Termens: un lugar muy especial

No hay nada como conocer, y mejor aún re-conocer, realidades que habitualmente nos pasan inadvertidas teniendo una importancia realmente significativa.

Es lo que ocurre cuando se visita alguna ciudad y se ven por fuera sus monumentos de manera superficial. En algunos de ellos, al entrar, descubrimos auténticas obras de arte que, como pasa con los tesoros ocultos, nos sorprenden y necesitan que nos adentremos para conocerlos.

Hace unos días, fui con unos amigos para ver lugares de Cabra que nos gusta mostrar con orgullo patrio - en el sentido más rilkeniano del término - a nuestros invitados. Uno de ellos es la Fundación Termens, donde no solo conocimos el tesoro artístico de su interior. Tuvimos la dicha de conocer, de primera mano, el considerado auténtico tesoro de la casa: las personas especiales que acuden al colegio, los hombres y mujeres que con las religiosas forman una comunidad educativa que atiende las necesidades especialísimas de la cincuentena de personas de todas las edades que reciben atención allí, en el Colegio Niño Jesús de las Hijas de la Caridad de Cabra. Un lugar, que por cercano y cotidiano, como ocurre con lo realmente importante, puede pasarnos inadvertido. Y qué satisfacción al re-descubrirlo o al conocerlo por vez primera.

Al volver a Termens vienen al presente los recuerdos de la infancia en aquellas aulas del antiguo colegio donde aprendí las primeras letras, conocí las primeras amistades y compartí los primeros pasos en la formación integral como persona. El cariño hacia aquella institución y el afecto a las personas que han formado y forman su comunidad, las Hijas de la Caridad, añade otro factor que hace la visita más entrañable aún. El espectacular conjunto de obras de arte que alberga, la capilla, con el panteón de la Vizcondesa y la historia de esta singularísima mujer, son otros aspectos que, aunque puedan parecer materiales, están llenos de sentido y riqueza también inmaterial. El entorno sigue sumando para completar los atractivos, en esa especie de oasis céntrico, de un espacio que se nos presenta impecable, cuidado, bien estructurado, armónico y que ayuda sobre manera para que nuestra visita a Termens sea siempre, siempre, muy satisfactoria.


El colegio es distinto como son distintas las personas que forman su alumnado. El ambiente de las espaciosas aulas y de los talleres desde las edades más tempranas hasta los 21 años, permite que el profesorado con sus monitores y personas de apoyo, se dedique con auténtica pasión por esa tarea educativa que descubrimos en cada una de sus distintas facetas. Nada es indiferente en un sitio así, donde las necesidades especiales son atendidas de manera específica.

Al no estar sor Pilar, hicimos con sor Emilia un recorrido por todo el centro comprobando el nivel y la calidad que ofrecen sus instalaciones. Llama la atención la profesionalidad, la dedicación, el cariño y la auténtica vocación de las personas que trabajan con los niños y niñas y también con los jóvenes para conseguir que, en la medida de sus posibilidades y circunstancias físico-psíquicas, tengan una autonomía personal a la hora de dejar este colegio.

Nos contaron los problemas con el transporte, que dificulta la asistencia de alumnado de otros municipios que acude al centro: no podrán hacerlo si no cuentan con esos medios. Y el esfuerzo que supone mantenerlo todo en perfectas condiciones. Los recortes no deberían, ya lo sabemos, afectar a este tipo de necesidades. Y nos dijeron que a veces hay carencias que, aun siendo centro concertado, suponen un esfuerzo añadido para mantener la calidad, el nivel de atención y la adaptación de los espacios, los materiales y cuántas necesidades del alumnado han de ser cubiertas. Y para eso, siempre está detrás la comunidad, para mantener lo que haga falta en este centro que tenemos en Cabra.

Nos decía su directora, Conchi Fernández, que este colegio no es un lugar como los que había antiguamente cuando se “encerraba” a estas personas, ¡ni mucho menos!. Es un centro donde se trabaja la estimulación y el desarrollo adaptados a cada una de las etapas, edades y circunstancias personales del alumnado. Donde se desarrolla el proyecto educativo y el proyecto curricular de un centro específico de Educación Especial y nada se deja al azar. El profesorado, monitores, las propias religiosas y todo el personal, conforman junto al alumnado, una comunidad educativa que, como este colegio, es muy especial y goza de una grandísima profesionalidad.

Al comienzo de este curso hemos tenido la ocasión de volver a visitar Termens, algo que siempre es enormemente gratificante. El recorrido, completo, ha sido muy significativo, no solo hemos vuelto a admirar las esculturas y obras de arte modernistas que guarda su interior. Nos ha vuelto a brindar la oportunidad de actualizar lo que allí ocurre cada curso escolar y que nos ha permitido recordar que estamos ante una educación y un lugar muy, muy especial. 

Créanme que merece la pena conocerlo en toda su extensión.