domingo, 19 de agosto de 2007

Elegía....

Aunque la esperanza supera la tristeza, a veces no se puede eludir la nostalgia cuando alguien nos falta. A ella va dedicada este elegía:

Elegíste un fresno junto al río.
Y junto a este fresno y a este río,
tu cuerpo descansa para siempre
mientras en el vientre hueco de la tierra
se guarda el recuerdo de tu vida.

A la sombra del árbol te recuestas
vuelves aquí después de mucho tiempo
a tu huerta, a tu río, a tu tierra
cerca del nogal de la sombra inmensa
y del fresno que en la curva nos señala
para siempre, un lugar junto al arroyo
que como tú, se llama de Santa María
mirando al picacho de la Sierra.

Y los frutos del olivo y de la huerta
verán como en un nudo carnoso de ese árbol
los jilgueros de su amor harán un nido.
Sus cantos y sus revuelos
harán que junto al recodo de este río
tu ser y tu recuerdo queden vivos.

Y pasarán los años y así el sol,
junto al fresno de la huerta, ahora tu casa,
nos dará de las flores, el perfume
y en la brisa del verano, las calores
convertirán sus hojas en dorado.
Y el otoño con sus rosados colores
dejará el fresno sin hojas y vacío
y el invierno y sus rigores,
lo dejarán, entre lluvias y heladas como herido

Y volverá la esperanza de la vida
y de nuevo en primavera lo veremos
con sus hojas de domingo, bien vestido.

Y nosotros volveremos a este sitio,
recorriendo la ribera junto al rio
y te veremos siempre sonriente
en el recuerdo siempre viva y
sabiendo que te vas pero te quedas
donde siempre dijiste que querías.

Viejo fresno que te elevas

entre zarzas y salgueras junto al río,
con la nueva primavera volveremos
para ver si nuevas hojas te han salido.

domingo, 12 de agosto de 2007

FESTINA LENTE

Escuchaba en una emisora de radio, en esas horas de las noche que la radio es compañera fiel, que se ha demostrado mediante un estudio realizado con métodos ciéntificos por una universidad, que los habitantes de Madrid son los terceros de una ciudad en todo el mundo que viven MUY DEPRISA. Al parecer el estudio revela que los madrileños van a seis pasos por segundo. Para ir al trabajo, para ir al colegio, para ir de compras, para cruzar un semáforo, para tomar un autobús o para subirse al metro. Todo el mundo siempre corriendo. No sé si les habrá pasado a ustedes pero es cierto que cuando uno va a Madrid, nota que todo va muy deprisa. Hasta para detenerse ante un cuadro en alguno de sus museos, la gente parece que tiene prisa y se siente cómo si le empujaran a quitarse pronto de enmedio. Lo de la prisa, ya lo dice el refrán que es mala consejera. Y no es algo nuevo.
FESTINA LENTE o ¡apresúrate despacio!, decía Augusto según el historiador romano Suetonio. El emperador usaba estas palabras -en griego- para expresar que no había nada que conviniera menos al perfecto jefe que la precipitación y la temeridad. Algo similar defendía el famoso Aldo Manuzio (1450-1515) quien puso al pie de su sello, compuesto por un áncora y un delfín, estas dos palabras: festina lente que reflejaban las virtudes requeridas en su trabajo como editor e impresor. "Tengo la impresión -decía la madre Teresa de Calcuta- de que andamos tan acelerados que ni siquiera tenemos tiempo de mirarnos unos a otros y sonreírnos".
Y es que aunque resulte paradójico nada más significativo que lo que nos dice esa expresión, algo así como ”date prisa despacio”.
Ahora, pensando en lo próxima que puede aparecer la muerte sin apenas esperarlo, cuando la vida se nos escapa en un suspiro, cuando deja de latir un corazón, ya no hay prisa que valga. En el fondo, vivir de prisa no es vivir, sino más bien -como ha escrito Jacques Philippe- esperar a vivir más adelante. Y a lo peor, ese adelante ya no se puede vivir en este tiempo.