domingo, 24 de abril de 2011

Francia y los toros: Je ne comprend pas

Más o menos con una nota de prensa similar, se anuncia la noticia: "Francia inscribió el viernes las corridas de toros en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial, informó el Observatorio de las Culturas Taurinas, por lo que Francia se convierte en el primer país que incluye la tauromaquia en un inventario así. Esta protección conduce a la ley a descartar su prohibición en las zonas donde es tradición".

Hoy se han hecho eco de tal decisión todos los medios. Venía de viaje esta noche y escuchaba toros para todos, en un momento en que, por razones de cobertura, no se escuchaba otra cosa en el coche. No soy taurino, pero tampoco antitaruino, y he de confesar que me gusta ir, alguna que otra vez, a los Toros.

He aquí que escuchando lo que decían, me sorprendió la noticia. Un país ilustrado como ninguno, donde nació la Revolución que trajo tantos derechos, demócrata, potencia de primera magnitud, republicano y moderno. ¡Yo que sé cuántos calificativos escuché!. Y no han tenido problema alguno en declarar la Fiesta (nacional de España), como Patrimonio Cultural de la France. Ahí es nada. Y destacaban cómo se unían todos los políticos, de distintos y variados partidos, para apoyar la cuestión. Y que, a pesar de los antitaurinos franceses, que los hay, su embajador en España no tiene problemas en decir más o menos que “la Fiesta no se toca”.

Lo último que decían es que desde hace unos diez años, algo así aprobó el Parlamento de Andalucía, sin que se haya dado bombo a la noticia ni se haya aportado como contrapunto legal a lo que luego aprobaron, con posturas contrarias, otros Parlamentos autonómicos. O que no se llevara al Parlamento Español.

Me cuesta comprender, en fin, las cosas que pasan en esta piel de toro, donde algunos y algunas nos han vendido tanta modernidad, adelantos legales, progresía y derechos, pero que a la hora de la verdad, tiene que ir tras nuestros vecinos galos en tantas cosas. Y para colmo, en un tema tan controvertido como, aparentemente, tan nuestro. Sinceramente, algo me pasa o Je ne comprend pas!.

sábado, 16 de abril de 2011

La Ciudad Recreada

Vuelve la Semana Santa y una vez más, convierte y transforma la ciudad y sus gentes. Se recrea el aroma que se desprende de las casas, el que derraman los naranjos de nuestras calles, el que aflora desde los templos o desde las casas de hermandad, el que surge de ese nerviosismo casi infantil que nos anuncia la inminencia del Domingo de Ramos.

Son muchos los enfoques desde los que podemos situarnos ante el genuino fenómeno de la Religiosidad Popular, con un destacado papel de las Cofradías y el entorno en el que se desenvuelven, desarrollando sus actividades: desde una visión religiosa o eclesial, histórica, artística, ritual, pasando por la de la antropología, el turismo, el folclore, la música y, en definitiva desde lo simbólico. En todas ellas habrá una visión integradora y no excluyente.

Hay algo más, y es ahí donde radica la clave de bóveda de todo el sistema, las personas que se integran en las Cofradías y que realizan un esfuerzo que trasciende sus etapas y que las hace ser parte de la historia cofradiera, con una visión abierta y compartida de cuanto aportan: cariño, esfuerzo, arte, fe y dedicación por las Cofradías y por una ciudad que las acoge y mantiene.

Una Ciudad Recreada (emulando el título de un libro de Joaquín Rodríguez Mateos) es el entorno privilegiado en el que todo aporta y donde la fe, las imágenes y los cofrades, son esenciales. Esa ciudad recreada es Cabra, donde en apenas unas horas, empezará el cortejo de las Cofradías que nos ofrecen su particular visión y esencia, manifestada de manera esplendente en las procesiones. Y como cada una es especial en sí misma y siendo iguales, son distintas, todas juntas conforman un espectáculo para los sentidos que, desde la fe, hecha religiosidad de un pueblo, nos sitúa ante lo trascendente, y llega, por las razones que fueren, a la sensibilidad más íntima de cuántos nos podamos sentir vinculados a ellas o a sus manifestaciones, convertidos así en niños que estrenan ilusiones en una primavera que huele a azahar, cera e incienso.

La Ciudad espera impaciente los días de la Semana Santa que es seña indeleble y eterna de una Ciudad como la nuestra. E iremos desgranando jornadas, recordando las emociones y haciendo nuestros muchos de los latidos vertidos en ese pregón casi gongorino, impregnado también de connotaciones machadianas y lleno de claves para interpretar cada uno de los momentos de esta ciudad que se recrea en su Semana Santa, dibujada de manera magistral en los catorce capítulos que, a modo de particular Vía Crucis, nos ofrecía Mateo Olaya el pasado domingo. Así “El tiempo de la Memoria” será actual y nuevo, aunque nos haga siempre niños que llevamos de la mano a nuestros padres para mirar con asombro, que no costumbre, al Señor en las calles de Cabra. O comprendiendo la armonía de un paso de palio, de un sonido peculiar, del silencio, de las sensaciones; que no son sino emociones, ritos sagrados y testamento heredado de nuestros mayores.

Y finalmente haremos nuestra proclamación de la fe y la Ciudad quedará recreada para siempre en la retina de nuestros ojos y en lo profundo de nuestros corazones. El alma de Cabra habrá conocido así, esa teoría y realidad de la Semana Santa según nuestro pregonero de este año, como bien nos introdujo su presentador.

Cuando en los días de la Semana Santa que está al llegar, los hermanos de las cofradías se preparen junto a los pasos de sus imágenes titulares en los momentos previos a la Estación de Penitencia, verán satisfechos que ha llegado una nueva cita con la primavera cofrade. Con el encuentro de su cofradía y la ciudad en la que van a recrearse sentimientos y emociones, llenos de la religiosidad que imprime ese vínculo con lo que no puede describirse y que sin embargo se nos hace visible por medio de las imágenes y de toda la carga simbólica que ofrecen. Como hace siglos, y especialmente en este año, como hace cien; en esos momentos previos, los “desfiles” de capuchones y todo el cortejo, recorrerán calles por las que muy poco después, saldrán las procesiones.

Las Cofradías y la Ciudad, serán así partícipes de un elenco que llena sus calles de sonidos, colores, aromas, símbolos, imágenes, oraciones y devociones. Y la Ciudad Recreada, verá como la Semana Santa eclosiona por el arte cofrade que ha ido gestándola durante las estaciones del año, para llenar de vida y de ilusión una tarde, una mañana o una madrugada. Pero sobre todo, para llenar de dicha el corazón de niños, jóvenes y mayores, que contemplamos su paso por las calles, haciéndonos vibrar de emociones y sabiendo que, tras la procesión, se inicia un nuevo caminar desde la luz de la vida, que nos llevará, irremediablemente, hasta otra Semana Santa.

sábado, 2 de abril de 2011

Va pasando la Cuaresma...

La tiranía del tiempo no tiene contemplación alguna. Pasa, apenas inadvertido, como si se detuviera y sin embargo, avanza sin descanso.

La Primavera esconde en su floración un aroma de incienso y azahar y nos brinda un tiempo especialmente dichoso para los cofrades. Un tiempo que también pasa, que parecía que no iba a llegar este año y ¡ya estamos a una semana del Pregón!.

Mientras mi hermano y amigo Mateo Olaya, ultima sus retoques a la pieza oratoria y de sentimiento que nos brindará el domingo 10 de abril, escucho el nuevo CD sobre la saeta de Cabra y sus intérpretes de antes y de ahora que nos brinda un sonido que se hace entrañable y cercano, tan familiar como sentido. Y la voz de Paco Carmona recitando sus versos a la Semana Santa en un sonido añejo de aquella radio que se nos fue.

Al tiempo se suceden los cultos, conciertos, exaltaciones, via-crucis y rezos alumbrados al amparo de un cirio incandescente que recorre las calles entre el alboroto de la chiquillería que estrena sensaciones de Cuaresma. La era digital me permite estar conectado a noticias, información, fotos de mis amig@s y comentarios, y mientras, en La Opinión de Cabra, leo la crónica en inglés de Alex García Rosal sobre las costumbres y gastronomía típicas de Cabra: genial ese corner, brother!.

Tertulias en la radio, en los cuartelillos. Alguna oración y un rato de reflexión y silencio ante las imágenes en el templo. El recuerdo del año de mi pregón, los inicios cofrades, el esfuerzo de tanta gente. La hermandad fraguándose a cada momento, alimentándose de los recuerdos y también de los proyectos. Fuerte en la amistad antigua y sólida en la más nueva. Comentando los ensayos de los costaleros, el reparto de las túnicas, viendo una vez más el video del año pasado....

Vuelvo al teclado. De fondo músicas, algunas clásicas de las que se hicieron nuevas en la modernidad de la Sevilla de la Exposición del 29 y que hoy son santo y seña de una Semana Santa romántica, que aspira a ser barroca, aunque surge a finales del XIX. Soleá, dame la mano... la mejor según Mateo. Amarguras, Virgen del Valle... , algunas interpretadas en instrumentos de plectro, otras por bandas casi sinfónicas. Pero también marchas egabrenses como Martirio, Virgen del Socorro, Virgen de Piedra, Sentir Cofrade y los ineludibles pasodobles de ese desfile eterno, que sigue vivo en nuestra retina: Cofradías Egabrenses y Cruz Parroquial.

Y va pasando la Cuaresma. Queda tiempo para celebrar los cien años de los primeros capuchones que salieron en el Preso. Una nueva manera de entender y hacer la Semana Santa y las tradiciones que surgía en aquellos primeros años del siglo XX, emparentando lo nuestro con el "costumbrismo nacionalista" de corte sevillano que introdujo Rodríguez Ojeda, el eterno Juan Manuel de la "Semana Santa de la gracia" y que imprimieron en nuestra ciudad personajes como Manuel Mora y Aguilar, entre otros. Y lo hicieron al amparo de la fotografía, de la prensa, de la cultura, de la arquitectura, de la educación, etc….. y cambiaron la Semana Santa. Algo que quizá se ha venido criticando desde hace tiempo y que quizá no haya sido comprendido ni analizado en su justa medida.

Una Semana Santa que con los capuchones empezaba a ser distinta al mismo tiempo que las de otros lugares… y de la que hoy cumplimos cien años, gracias a la Archicofradía del Preso y a las personas que tuvieron el acierto de aportar aquellas innovaciones, que empezarían a renovar y quizá a cambiar nuestra manera de celebrar y vivir la Pasión.

Y me resisto a no escuchar el sonido de los añafiles y un tambor ronco que suena a lo lejos. Esencias, aromas, sonidos, sentidos, luz, color, vivencias,..... todo eso y un sentimiento de dicha, mientras lentamente, muy lentamente, va pasando la Cuaresma.