martes, 27 de agosto de 2013

Cabra en el Recuerdo.

Una imagen vale más que mil palabras. En alguna ocasión este dicho popular da en el clavo. En otras rotundamente no. Incluso creo que hay más en las que las palabras valen tanto o más que la imagen.

Hoy me refiero a una iniciativa que tiene mucho de social. Surge en las redes sociales y de la mano de personas que amamos las palabras y amamos la imagen. Y sobre todo de unos deseos irrefrenables de compartir recuerdos, de recuperar memoria, de dar a conocer fotografías y ponerles las palabras necesarias para que, definitivamente, no entren en el olvido y queden registradas. Para que cuando alguien las vea, sepa quién sale en la foto, qué escena está representada, que lugar o época, cualquier información que, de otro modo, habría quedado solo en la mente de quiénes sabían lo que era. Para que sigan teniendo vida. 

Cabra en el Recuerdo es una apuesta por saber más de nosotros mismos. No de recuperar, sin más, imágenes antiguas que ya se han publicado antes y que quizá nos resulten familiares o conocidas; o de sacar a la luz imágenes que ya nadie sabe descifrar. 

Mi madre, Cecilia Montes y unas amigas
en la Sierra, con el "coche" de Aranda. 
Se trata de esas fotografías, muy nuestras, que guardábamos en una caja de zapatos o en una vieja lata del Cola-Cao. De esas que hay en el álbum familiar que tenía las pastas rotas o descosidas las hojas, de haberlo visto tantas veces. Ese montón de fotos apiladas como los antiguos cromos de un álbum coleccionable, quizá liadas en un papel de periódico y atadas con hilo de algodón. Fotos de escenas familiares, cotidianas para algunos de nosotros, que eran desconocidas para los demás. Fotos en las que salen personas, que con las palabras nos cuentan sus vidas. Fotos que reflejan situaciones que solo puede contar quién las conoce. Fotos con edificios, calles, establecimientos, colegios o casas. Fotos con lugares. Fotos con recuerdos. Fotos con personas. Fotos con memoria. Fotos con historia.

Una memoria y unos recuerdos que ahora podrán compartirse y que, gracias a la imagen y a las palabras, permitirán reconstruir una parte de nuestra historia. Antes relegada al olvido familiar y ahora, gracias a esta feliz idea, nos mostrará la historia social de nuestras vidas compartidas.

Surgida de la pasión de quiénes la han empezado a poner en marcha, permitirá que todos podamos disfrutar de esas fotos y sus palabras, para saber mucho más de lo que fuimos, de lo que somos, de cómo fuimos, de lo que hicimos o hicieron otros antes que nosotros.

Con mi abuela Dolores Luna Muñoz
bajo el limonero del patio de mi casa.
Así es Cabra en el Recuerdo y todo lo que ha supuesto que haya surgido en facebook. Una idea que ya tuvo algunos promotores en otros blogs pero que ahora ha cogido fuerza y dinamismo inauditos. Solo hay que tener ganas de compartir fotos y palabras. Así será posible conocer todo lo que fue y todo lo que es Cabra en el Recuerdo

Pueden enviar sus fotos y comentarios a:




Y participar en las redes sociales y en el blog:



miércoles, 21 de agosto de 2013

¡Que no daría yo….!

Hoy es un día especial para mis recuerdos. Escuchaba temprano, con las primeras luces del día, esta bulería en la potente voz de una Rocío Jurado exultante y recordaba un sinfín de párvulas escenas. Me sorprende la capacidad de recordar imágenes con el paso de los años. Y más aún la claridad con la que afloran en esta etapa de la vida, superada ya la barrera del medio siglo. 

En esos recuerdos, que me parece intuir en blanco y negro o en un color descolorido, como si de una fotografía antigua se tratara, veo un mostrador y una tienda. Era el Muygar, donde trabajaba mi padre. Los Almacenes García Lucena de la calle Buitrago, ahí es nada.

Aunque no siempre podía hacerlo, me gustaba ir a jugar entre aquellas estanterías que me parecían altísimas, llenas de cajas con un sinfín de anotaciones y números incomprensibles para mí. Subir las escaleras y entrar por laberintos de madera y cartón que imaginaba, era como un viaje iniciático hacia un lugar mágico, donde la aventura nacía y todo parecía misterio. Recuerdo cómo se cosían los botones al cartón del muestrario. Alguna vez incluso me dejaba coger aquella aguja gigante, enhebrada de un blanco hilo de algodón, otras veces con espartillo, para fijar toda clase de botones a los cartones que luego conformaban aquel libro en el que tanto costaba decidirse a la hora de elegir un botón, un fleco, un galón o un encaje.

Había una expositor de cristal, con anaqueles de brillante níquel y espejos de fondo que agrandaban el espacio de la tienda reservado a los clientes. Sobre aquella vitrina había botes de colonias y perfumes y en la parte inferior otros más grandes de cristal con colonia a granel y tapones de vivos colores. Una de mis aficiones favoritas era rellenar de colonia aquel bote de plástico, mirando bien la raya de la medida y luego echarlo en el bote que traían de sus casas las mujeres para llevarse Heno de Pravia de la marca Gal, con aquella G enorme que había en la etiqueta amarilla. Cuando me despistaba, orgulloso de la tarea y se me derramaba, frotaba mis manos para que quedaran impregnadas de aquel aroma que aún recuerdo fresco y cercano. No se me olvidan la Myrurgia o la cara del hombre que había en todos los botes de Floïd (que nunca sabré porqué lleva diéresis en la i). Ni tampoco el Atkinsons, que solíamos regalarle para el día de su santo.

Algunas jornadas, bastantes, la tienda ocupaba todo el tiempo. Como aquellos interminables días de inventario, cerrado al público y llevando por la puerta de la calle Las Parras algún avituallamiento para la media mañana o la merienda, pues el almuerzo lo hacían la tienda o al terminar en alguno de los bares de la calle. Eran especialmente largas las noches del 5 de enero. Hasta bien entrada la madrugada no sentíamos las llaves en la puerta de la casa y nos disponíamos a dormir entonces, sabiendo que papá había llegado. Los nervios lo impedían porque sabíamos que, a partir de ese momento, podrían llegar los Reyes a cualquier hora.

Hoy me quedo con estos recuerdos, que son solo un botón de muestra de lo mucho que aprendía y de lo que disfrutaba con mi padre. En estos días en que su recuerdo se hace más cercano, solo cabe disfrutar de ellos y revivir todo lo que disfruté, compartí y sobre todo, cuánto aprendímos de él. De su cariño, honestidad, responsabilidad, bondad, entrega, dedicación, templanza…..

¡Que no daría yo!… cantaba Rocío. Y eso mismo digo. ¿O quizá no?.

Nos cabe la suerte de hacer memoria y recordarlo, revivirlo, tenerlo presente junto a todo aquello que forma parte de lo vivido. 

Por tantas cosas, todo el cariño y gratitud hoy, van para él, vivo y presente día a día en nuestras vidas, a pesar de la ausencia física que nos hace añorarlo más si cabe. 

miércoles, 14 de agosto de 2013

Isis, el Nilo y Cabra

La época hispano-romana de Igabrum es una de las facetas de nuestra historia local más interesantes y atractivas. Gracias a los restos arqueológicos y a los estudios que se han suscitado en torno a ellos, podemos conocer mejor cómo era. Sabemos bastante del Mitra y lo que le rodea gracias a los avances en la investigación en torno a esta bella y única escultura de la Hispania Romana sobre tan singular divinidad irania.

Pero quizá es menos conocida, o al menos a mí me pasaba, otra de las religiones que hubo en Igabrum y que, gracias igualmente a los testimonios epigráficos que se conservan, permite acercarnos a un sugerente e interesante debate. Me refiero al culto que tuvo en Igabrum la divinidad egipcia ISIS.

Isis, “Señora de las Pirámides”, Gran Diosa de la fecundidad, por decir alguno de los muchos atributos que le asignaron sus devotos, aparece como uno de los cultos que profesaban los igabrenses de los siglos I y II d. C. Así lo atestiguan dos piezas singulares que desde la segunda mitad del siglo XX, suscitan una polémica científica muy interesante.

Isis aparece en la antigua Igabrum como deidad nilótica equiparándose con una Isis fluvial que antecede a la Isis Pelagia, protectora de la navegación. Para los historiadores, su presencia en Cabra constituye “una de las pruebas de que Igabrum se emplazaba sobre una importante red comercial”.

Sobre cómo llegó el culto a Isis en Igabrum, la profesora Mª Luisa Sánchez León, en su  libro “Economía de la Hispania Meridional durante la dinastía de los Antoninos”, (USAL, 1978) plantea que Igabrum sería un lugar con importantes conexiones comerciales de ahí la presencia de este culto egipcio y la existencia de un colegio profesional en torno al mismo.  El hecho de que sea un colegio profesional el que dedica las piezas arqueológicas que comentamos, incide en esta importancia comercial o económica de la zona y de su organización en los siglos I y II d. C.

En 1957 se documenta la primera escultura y se inician las aportaciones científicas en torno a  su origen, sentido y circunstancias. Quién primero habla de la pieza A. Garcia y Bellido, se refiere a ella como manifestación de la devoción del colegio de fabricantes de lucernas que tenían a Isis por patrona, los illychiniarius.

Se trata de una estatuilla de mármol blanco, de grano fino y cristalino, que no parece de origen local, sino italiano. Representa un personaje (unos dicen que varón otros que mujer), recostado en una peana de 46 cm. de ancho. Le faltan los pies y parte de las piernas, la cabeza y el cuello, el brazo derecho y la mano izquierda”. (Así la describe Blanco en su trabajo “El Nilo de Igabrum” en la revista Habis, 2 US, 1971). 


En la parte delantera tiene una inscripción en dos líneas:

T. FLAVIUS V(ic)TOR COLLEG(IO)
ILLYCHINIARIO(RU)M PRATI NOVI D(ONUM DEDIT)

Leiden, en 1967 identifica a los illychiniarius como colegio de ceramistas, fabricantes de lucernas que tenían a Isis por patrona y le rendían culto organizado. Blanco Freijeiro en 1971 cambia el discurso y sostiene que la grafía ha sufrido rotura y que en realidad debería ser siliginiarii, estableciendo que se trataba de un corporación oficial de panaderos “que cocían pan blanco”. Incluso sugiere que el patrum novum del que habla la inscripción sería Igabrum como productor de trigo: “en ningún lugar mejor que en Cabra, atalaya de la triguera campiña cordobesa, se podía reverenciar a este Nilo equiparado con el Triptolemo eleusino por la aguda pluma de Ateneo”. La escultura es masculina y representa para él al Nilo. Tanto García y Bellido como Lucía Segura, sostienen que “por sus atributos puede representar perfectamente a Isis como deidad flluvial y más concretamente nilótico”.

J. Gil (Habis 4, US 1973) explica el significado etimológico del término ILLYCHINIARIORUM, sugestivo por sí solo, y concluye que ha de referirse a los que fabricaban las mechas para las lucernas que, al estar hechas de papiro, dedican una estatua con la representación del río Nilo, de donde procedía el material. Lucía Segura en 1988 mantiene que sería un colegio profesional de canteros, “cuyo principal instrumento fue la lucerna, instrumento sagrado presente en las ceremonias isíacas”, afirmando que los illychiniarii tendrían un papel destacado en las procesiones con ISIS llevando lámparas o lucernas sagradas. E insiste: “el nexo de unión lo constituirían las lucernas, como símbolo sagrado en el culto isíaco e instrumento de trabajo en estos profesionales”.

A.T. Fear (Isis and Igabrum, en Habis, 20 US 1989), no acepta la interpretaciones previas sobre los illychiniarius ni como fabricantes de mechas, ni como panaderos, ni como canteros. Para él se trata de un colegio de carácter religioso, perteneciente al culto isíaco y que “este Nilo representado en la estatua igabrense es Isis”.

Sobre el culto a Isis en Igabrum, contamos con otra inscripción, en una lápida, dedicada a una igabrense, llamada Flaminia Pale



Éste es el texto:

PIETATI AUG. FLAMINIA PALE ISIACA IGABRENS(IS) HUIC ORDO  M(UNICIPII) M(UNICIPIUM) IGABRENSIUM OB MERITA STATUAM DECR(EVIT) QUAE HONORE ACCEPTO IMPENS(AM) REMISIT

Lucía Segura Arista aporta un detallado análisis de estas inscripciones en un libro de 1988, “La ciudad íbero-romana de Igabrum”, al que remito para conocer mejor Igabrum. Sobre esta lápida apunta varias notas de interés al respecto. 

Se vincula una autoridad religiosa del culto a Isis con la religión oficial (Piedad Augusta); señala que es el municipio a través de sus autoridades (Ordo Municipio Municipium Igabrensium), quien dedica este honor, incidiendo en el carácter oficial del culto; nos dice un nombre, Faminia Pale, que es sacerdotisa “isiaca igabrensis”, mujer con una dignidad importante y finalmente testimonia el culto a Isis en todos los elementos sociales de la antigua Igabrum. Nada conocemos sobre si existió un iseum, como el que se encuentra en Baelo Claudia, datado en 1980, quizá el mejor de todos los restos arqueológicos del Imperio Romano y testimonio de la importancia del culto de la diosa egipcia en la Península. 

Fueran fabricantes de lucernas, trabajadores de las canteras, fabricantes de mechas de papiro para las lámparas, panaderos o colegio religioso, lo que está claro y es incuestionable es que formaban colectivo organizado que rendían culto a Isis en Igabrum, reconocido oficialmente y que dejaron pruebas de todo ello en las dos piezas a que nos hemos referido. 

Estas piezas se encuentran en el Museo Arqueológico de Córdoba, aunque en la última remodelación no las hemos visto expuestas. Tampoco hemos visto referencias a la presencia de estas religiones en Igabrum, aunque los datos en trabajos científicos si que manifiestan su relevancia. Para J. Alvar Cabra (Igabrum) es, con Mérida (Emerita Augusta) y Valencia (Valentia), "el tercer municipio hispano-romano de culto colectivo a Isis". Lucía Segura, en su monografía mencionada, al hablar de los cultos orientales afirma que éstos “constituyen el apartado de más representación en Igabrum”. Supongo que esa relevancia, no ha sido tenida en cuenta por los responsables del arqueológico provincial que han dejado olvidadas tan significativas piezas igabrenses en el Museo cordobés.


Por casualidad (¿?) me topé con estos documentos hace apenas unos días, buscando información sobre una pieza romana del siglo II d.C. que se encontró en el Cortijo Ribero y que está en el Arqueológico Nacional. Entonces recordé que había oído hablar de Isis y de los Illichyniarius en Cabra. Y me di cuenta que todo esto pasaba en torno a la fecha del 12 de agosto en que tenía lugar en el antiguo Egipto y luego en Roma, la Lychnapsia o fiesta de las luces en honor a Isis. En la radio escuchaba que ese mismo 12 de agosto se hacía público el ganador de la “lámpara minera” del concurso de cante de La Unión. Y coincidía con la noche más activa de las Perseidas

Luces, lámparas, minas, cultos, canteras… ¿casualidad?.




Se puede consultar la Revista Habis – Universidad de Sevilla en el siguiente enlace: