viernes, 18 de diciembre de 2015

Reflexión, reflexionar, reflexivo.

Podría pensarse que vaya osadía en esta jornada de reflexión que comienza, tomar prestado el título del discurso de Castilla del Pino en su ingreso en la R.A.E. que pronunció un 7 de marzo de 2004.

Sin embargo, me viene como anillo al dedo y además me permite relacionar tan sugerente título y contenido, con lo que quería decir para estas veinticuatro horas previas al día 20, del mes D, el día de las elecciones generales.  

Según la tesis de don Carlos, hay tres escenarios de la vida humana: el público, de actuaciones observables y hechas para ser observadas; el privado, de actuaciones observables pero "marcadas" con el implícito "prohibido observar"; el íntimo, de actuaciones inobservables porque son estricta y únicamente mentales

No se realmente en cuál de ellos se enmarcan estas líneas, pues estoy haciendo público un pensamiento privado, aunque en lo íntimo, sigo pensando qué hacer el domingo.

Y vuelvo a  encontrar otra sugestiva comparación entre dos de las aficiones que más ayudan al ser humano a serlo: la lectura y la reflexión, y de ahí, llegar a la elección. Como podría decir Aristóteles si tuiteara, a fin de cuentas somos animales racionales y también socio-políticos, y nada más apropiado para un día como este, de jornada de reflexión.

Comparación que tiene que ver con el oficio, ya sea de lector, ya de elector.  Y en ambos, la reflexión, el oficio de reflexionar, la capacidad del ser reflexivo, no hacen sino permitirnos que podamos anticiparnos a situaciones o contextos en los que tendremos que actuar. 

Vuelvo a las sabias reflexiones de Castilla del Pino y apunto su definición de reflexionar que es meramente evocar lo que se hizo y lo que ocurrió tras lo que se hizo; anticipar el no volverlo a hacer; o anticipar el hacerlo de una manera mejor si la primera se hizo mal; o anticiparlo mejorado para la próxima vez, si se hizo bien la primera. 

Ahora que ya he compartido estas líneas y que han dejado de ser meras especulaciones mentales, saliendo de la esfera de lo íntimo; superando los límites de lo privado y pasando a ser totalmente públicas, creo que así, pensando, pasarán estas horas hasta que vaya a votar el domingo y sepa, finalmente, si lo reflexionado me permitirá tomar la decisión más acertada. 

Al fin y al cabo, cuando haya depositado mis papeletas en las urnas, diré como bien concluía Castilla del Pino en su discurso de 2004:

"Yo también imaginaba cómo se iniciaría, transcurriría y concluiría este acto. No les voy a contar las posibilidades que barajé; sería una indiscreción. Al aparecer en mi mente las preveía y me prevenía. De esta manera, llegué aquí adiestrado para salir al paso de imprevistos. A partir de ahora vendrán mis reflexiones retrospectivas acerca de cómo ha ido la cosa". 

Y eso, por mucho que nos pese, nada tendrá ya que ver con lo que hayamos hecho en la jornada de reflexión, sino con lo que decidamos hacer en el día de la votación. 





miércoles, 16 de diciembre de 2015

16D - Día de la Lectura en Andalucía



Creo que el primer libro que me regalaron (o al menos del que yo tengo recuerdo) fue Platero y yo. Una edición de finales de los años 60 del siglo XX, quizá de 1970, en colección de bolsillo y dedicado por el que fue mi maestro don Joaquín Cosano en el Colegio Público Ntra. Sra. de la Sierra (Los Grupos). 

Hoy lo traigo en aquella vieja edición de los años setenta del siglo XX, y lo hago para celebrar el Día de la Lectura en Andalucía. Creo que la Lectura debe ocupar una parte importante del tiempo de nuestras vidas, desde pequeños y hasta que podamos. Los libros son nuestros compañeros de viaje, de aventuras, de emociones, de reflexión, de ilusiones, de recuerdos, de miedos y de risas. Nos sirven mucho más de lo que imaginamos y pueden llegar a ser imprescindibles si comos capaces de descubrir todo lo mucho que nos ofrecen. Y lógicamente detrás de los libros están los autores, los dibujantes, los diseñadores, los impresores y toda una vieja tradición que da cobijo a las palabras para albergarlas y compartirlas cuántas veces queramos pues solo hemos de acercarnos a ellas.

Desde aquel lejano tiempo que recuerdo con nitidez, ese libro me ha acompañado en casi todas mis travesías, literarias o no, y es como un icono de una siempre incipiente biblioteca que llevo montando a regañadientes con el espacio vital y que, afortunadamente, nunca termino de ver terminada. Es más, una de las seguridades que tengo es que no creo que nunca la vaya a terminar. 

Me resisto a lo del libro electrónico aunque he de confesar que resulta cómodo, asequible, llevadero. Pero, ¡cáspita!, no tiene nada que ver con esos anaqueles que llenan las paredes de algunas de las estancias en las que habito, como si fueran mi segunda piel. 

Y como complemento a la lectura, el olor. Tan especial si son nuevos y están bien impresos, según sea el papel y la propia tinta. Tan sugerente si llevan algún tiempo cerrados y vuelves a abrirlos para buscar alguna cita o releer un capítulo. Tan nostálgico si se re-descubre al cabo del tiempo, casi por sorpresa. 

Como me ha pasado a mí cuando, al buscar otro libro, me he topado con este Platero que hoy vuelvo a hojear y en el que, como si fuera una cápsula del tiempo, encuentro notas de una caligrafía que identifico pero que me resulta tan familiar como extraña. 

Y con una dedicatoria que me recuerda aquel niño de los años 70 que tuvo la suerte de recibir un libro como premio de su maestro: 

"Al niño Antº Ramón Jiménez Montes, en prueba de la aplicación que has demostrado durante el curso. Tu profesor, Joaquín Cosano". 

¡Feliz día de la Lectura!.