miércoles, 6 de febrero de 2008

MOTIVOS PARA CREER

Son los que me da la labor social de la Iglesia, esa labor a la que tanta gente recurre, de la que casi nadie se acuerda, de la que tan poco se habla, a la que tanto se debe. La que tanto hace, de verdad, por los pobres, los sin techo, los que pasan hambre, los marginados, los desarraigados, los alejados, drogadictos, ancianos, solitarios, abandonados y tantas personas necesitadas del mundo. Esa labor que por callada, por sincera, por cercana al Evangelio y al mensaje cristiano, es tan poco conocida como casi nada reconocida. Y probablemente porque, sobre todo quiénes están en ella, haciéndola día a día, no quieren que se hagan alardes de una labor por eso de que no sepa la mano izquierda lo que haga la derecha. Pero es bueno que se sepa. Miren sino los datos que ofrece en su edición del 6 de febrero el diario Eleconomista. www.eleconomista.esMotivos para creer son los que, desde la libertad personal y desde la firme convicción, puede uno tener en una sociedad libre y democrática, donde algunos creen que hay que ser todos de la misma opinión, confundiendo que no es lo mismo ser iguales, tener igualdad, que tener que pensar como piensan otros. Motivos para creer me ofrece la actitud de servicio y entrega de las personas que han dedicado y dedican su vida, por seguir a Jesús, a aquellos elegidos por él: los desheredados del mundo.
Motivos para creer, que me siguen confirmando hoy, que los católicos, los cristianos, tenemos un camino muy largo por hacer, cada día más apasionante, cada día más ilusionante. Para seguir pensando que la estructura es necesaria, que puede tener sus luces y sus sombras, pero que solo puede ir cambiando gracias a la entrega y con el compromiso, no desde la crítica alejada y fácil; ni tampoco desde el odio visceral o el desconocimiento. El que algo quiere, algo le cuesta, dice un viejo refrán.Motivos para creer son los que me dan los miles de ejemplos que tenemos en el mundo actual para saber que la presencia de los católicos, de los cristianos, hace tanto y tan bien cada día. Motivos para creer son los que me da la oración, la celebración comunitaria, la pertenencia a una familia en la que los lazos del amor superan las cadenas de la esclavitud.Motivos para creer son los que tengo cada día cuando veo un nuevo amanecer. Cuando veo crecer a mis hijos. Cuando comparto el amor y la amistad, la familia y los amigos. Cuando renuevo mis energías en la esperanza de otro nuevo día que contemplo desde la cima más alta de una Sierra que me enseña el lenguaje misterioso y milagroso de las montañas. Cuando veo las calles a través de los ojos del capuchón y me siento anónimo al ver imágenes de aquello en lo que tengo fe. Cuando me acerco desde el silencio de la oración a lo más profundo del misterio. Cuando compruebo la entrega de las mujeres y los hombres que han optado en su vocación por ser religiosos o misioneros. Cuando comparto con tantas personas mi pertenencia a la Iglesia, sintiéndonos hermanos, aún en nuestras más dispares maneras de ser o de pensar, pero unidos en la misma fe. Estos y quizá muchos otros que ahora sería prolijo enumerar, son mis fundados motivos para creer. Y creo que podrían ser los de mucha gente que, como yo, son ciudadanos libres, que pueden pensar y decir lo que quieran, amparados en los derechos fundamentales que reconoce nuestra constitución y nuestro sistema político. Motivos que pueden no ser compartidos por otra mucha gente, porque, precisamente, ahí radica lo hermoso de la democracia: no pensar lo mismo, saber que tenemos derecho a opinar, pensar, militar y creer aquello que nos parezca mejor. Y sobre todo, que también los demás tienen el mismo derecho, terminando el mío, donde comienza el suyo. Y viceversa. Es bueno tener motivos para creer y no piensen, en absoluto, que este lema es privativo de algún partido. Ya en el año 1997 el jesuita Jorge Loring, lo utilizó como título de un extenso libro que me sirve de inspiración para esta columna de hoy. Y además, es una de las razones que mueven el día a día de tantas personas, personas que, como yo, tienen motivos para creer y no tienen nada que ver con los que ofrece el PSOE. Que no nos confundan.