lunes, 4 de marzo de 2013

Cofradías ¿crisis?.

Veo en la televisión andaluza que hay crisis en la Semana Santa de Cabra. Lo escucho también en un programa de la emisora pública de Andalucía, en el programa de la Semana Santa cordobesa Paso a Paso. Lo leo también en algunos comentarios de las redes sociales. Y me pregunto ¿qué está pasando?.

No creo que sea de recibo decir que todo esto está en crisis. Habrá que analizar qué cofradías son las que tienen esa crisis, cuáles son los motivos que la han provocado, qué medios se pueden poner para encauzarla, en definitiva, analizar, proponer, actuar. Y una cosa, si hubiera que ir pensando en fusiones, que nadie se llame a engaños: cuanto antes mejor. Mantener las cosas por mantenerlas no solo es un error sino un grave riesgo por la imagen tan nefasta e incierta que pueda darse.

La Agrupación de Cofradías pasa por malos momentos quizá por la falta de implicación de los cofrades en este organismo pero quizá también porque nos hemos acostumbrado a ir cada uno a lo suyo en cuestiones organizativas, de cultos o de los numerosos actos que se organizan, algunos sin más sentido que un protagonismo excluyente, poco integrador y a los que apenas si asisten quiénes tienen compromiso con los que participan o al que se va según el grado de interés personal, político o social del asistente y no en función del interés que suscite el acto organizado y su contenido. Y para colmo toda esta amalgama de actividades se concentra en apenas diez días de la breve cuaresma que se vive en los intensos fines de semana. La agenda cofrade se convierte en un sinfín de compromisos por cumplir más que en una verdadera participación de la que se disfrute realmente. Y no digamos del esfuerzo que han de realizar los medios para “quedar bien” con todos los organizadores. Y de los “medios” que hacen falta, a veces, para cumplir. ¿Es esta una manera acertada de afrontar la cuestión?

Me pregunto también si realmente son necesarios tantos pregones, presentaciones de carteles, exposiciones, exaltaciones, y ese largo etcétera que nos abruma y que debilita los actos centrales, que habrían de ser pocos, bien organizados y que, por tanto, tuvieran poder de convocatoria, siendo realmente esperados por los cofrades y por el pueblo en general.

Hay algo más, y es ahí donde radica la clave de bóveda de todo el sistema, creo que las personas que se integran en las Cofradías y que realizan un esfuerzo digno de admiración necesitan, en no pocos casos, una formación adecuada que permita la mínima preparación para trabajar en este imbricado laberinto de las cuaresmas en las que cada vez coinciden más actos sin que pongamos el mínimo freno y sin que apenas se organicen adecuadamente. No se vale para todo si no se está preparado y menos si no se forma un equipo mínimamente cualificado.

Todo ese complejo entramado me lleva a pensar que se extrapolan algunas cuestiones, magnificándose unas, obviándose otras. Y al final, la mediocridad campa por sus fueros y hace gala de una presencia subliminal que da al traste con la auténtica realidad que subyace en unas instituciones centenarias que han pasado por muchas vicisitudes y que, al final, están condenadas al propio devenir que le marquen sus responsables.

Somos muchos, es verdad, precisamente por eso hay que ser mucho más coherentes, conscientes y lo suficientemente cautos y responsables para saber hacer las cosas y hacerlas lo mejor posible.

Y para que esto no pase, insisto en el planteamiento que mantengo desde hace años: hay que estar formados en todo. Desde el vestir de las imágenes (para evitar bochornosas estampas que afloran cuando uno menos lo espera); hasta el conocimiento musical suficiente; pasando, necesariamente por la formación religiosa, litúrgica, histórico-artística y si me apuran administrativa, social y protocolaria que subyace y rodea a nuestras cofradías. Aparte de la aceptación de los deberes inherentes a formar parte de ellas y que, muchas veces, olvidan bastantes cofrades.

Ser respetuosos con el pasado, no tergiversar las cosas por desconocimiento o ignorancia, no olvidar que antes que nosotros pasaron otros, no creernos ni los únicos ni los mejores, aceptar las críticas que se hacen con respeto, asumir los errores y saber verlos, ser consecuentes con lo que se nos pueda encomedar… en fin, son tantas cosas, que lo que no me resigno a consentir de ninguna de las maneras, es la mediocridad. 

Y para eso, no hay mejor receta que la formación y la preparación de los responsables y de los componentes de nuestras cofradías.

                                                Como decía el viejo refrán: que cada palo aguante su vela.