Radio Atalaya FM 107.3

viernes, 15 de enero de 2010

Preguntas sin respuesta

Me ha estremecido escuchar y leer las declaraciones del nuevo obispo de San Sebastián sobre el mal que sufren los "pobres" de Haití, comparándolo, teológicamente según ha explicado, con el mal que se cierne por causa de nuestra pobreza espiritual. "Quizá es un mal mayor el que nosotros estamos padeciendo que el que los inocentes también están sufriendo", concluía el prelado en sus declaraciones que respondían, teológicamente a una pregunta teológica.

Aunque así fuera, ¿a qué vienen estas declaraciones en un momento como éste, en el que el dolor se cierne sobre tantas personas?, ¿qué manera de explicar la existencia de Dios es ésta?, ¿cómo comprender sus declaraciones en un contexto de sufrimiento, comparando el mal del pecado con el de la muerte inesperada y la destrucción que surge de las entrañas mismas de la tierra?.

No lo comprendo, no acierto a situarme en el lugar de este obispo para decir lo que ha dicho en un momento así. Que se hayan extrapolado sus declaraciones, que su intención podía ser otra, que no se haya explicado bien, pueden ser justificaciones a posterori que, en principio, podría aceptar. Pero me caben muchas preguntas para las que no llego a encontrar respuesta. La vida es un don de Dios, el más preciado y valioso. Y sin vida, no hay lugar para la fe, ni para el pecado, ni para el espíritu. Perder la vida, la de la tierra, es no tener opción a pensar siquiera en la eterna, en la del más allá.

¿Cómo explicar que este mismo prelado es representante de la Iglesia en la que son miles y miles de misioneros, religiosas, voluntarios y creyentes que entregan su vida para ayudar a los demás?. ¿Cómo asumir que sus declaraciones prentendían explicar la existencia de Dios, del Jesucristo encarnado, por encima del mal del mundo, del pecado, de la pobreza espiritual?.

¿Cómo encontrar la pureza evangélica en estas afirmaciones que dificilmente pueden ser compartidas ni por el más eminente teólogo, ni por la más entregada misionera, ni por el creyente que se siente Iglesia?.

Puede que se equivocara al contestar (aunque anunciaba que lo iba a decir podía ser fuerte). Puede que no dijera lo que quería decir. Puede que no supiera comunicar lo que quería. Puede, incluso, que en el intento de explicar el mal del mundo, no acertara a poner en una balanza lo que supone la fe y el seguimiento a Cristo y lo que supone la pobreza, la muerte, el dolor, el sufrimiento de un gran número de personas inocentes que han sufrido las fuerzas de la naturaleza.

Puede incluso, que hubiera preferido callar. Pedir por los que sufren, ayudarles en situaciones como éstas. En fín, puede que se haya equivocado y, en vez de rectificar, ha pretendido justificarse.

Para ser justos, prefiero quedarme con los miles de personas que, desde la Iglesia (que no es sólo su jerarquía), siguen trabajando por seguir a Jesús, ayudando a cuántos sufren, a los que mueren de hambre, a los que necesitan lo más básico, a los desfavorecidos de la sociedad opulenta. Esta Iglesia es la que convierte la Bienaventuranzas en su programa de trabajo y esa es con la que me siento identificado. La de quiénes hacen declaraciones de este tipo, me recuerda más a una organización de poder, que a la Iglesia de Jesucristo.

domingo, 26 de julio de 2009

CAJASUR Y SU SINGULARIDAD

Las noticias más recientes apuntan con toda probabilidad, a la fusión entre UNICAJA y CajaSur, tras haberse confirmado la previa con CajaJaen. Los dirigentes de la caja malagueña, que aspira a convertirse en la gran Caja de Andalucía, ya tienen experiencia en esto de las fusiones y, a decir verdad, no les ha ido mal. Cuando se integraron las distintas cajas que conforman hoy la liderada por Braulio Medel, casi nadie pensaba que el resultado fuera el que es.

Los intentos fallidos de la Junta desde hace más de diez años por tener una Caja única, chocaron siempre con los intereses provinciales que, lejos de pensar en la unidad territorial de la Comunidad Autónoma, seguían intentando mantener sus cuotas de poder. Hoy parece que sólo Granada y Sevilla con sus marcas CajaGranada y CajaSol, serían las que no están dipuestas a ceder e integrarse en la necesaria y conveniente Caja Andaluza. No debemos tampoco olvidar que, con la nueva fusión, UNICAJA mantiene la sede principal en Málaga, algo que no gusta a los sevillanos y que su presidente, puede volver a renovar su cargo que le vencía este año.

Lo que sí está claro es que, la singularidad de CajaSur, que ya perdió el nombre de Córdoba en la fusión entre la antigua Caja Provincial y el Monte de Piedad, hará posible una fusión en la que Córdoba no salga perdiendo. Las cuotas de poder, en este caso, no están sólo en los políticos de turno, sino en el Cabildo de la Catedral cordobesa. Una vez más parece que Asenjo y Griñán, ahora líderes de la sede hispalense, saben y pueden entenderse y llegar a buenos acuerdos para las cajas andaluzas y para la catedral cordobesa, y de camino, dejar a Córdoba en buen lugar en la nueva UNICAJA que, por lo pronto debería ir pensando en ponerle calificativo para que se sepa que es andaluza. Salvo que las aspiraciones sean ir más allá del territorio andaluz.

En todo caso, creo que dadas las informaciones objetivas, que daban como muy delicada la situación de Cajasur y dadas las circunstancias de la fusión con UNICAJA, la solución es la mejor. Sobre todo si se tienen en cuenta las peticiones de Santiago Gómez, presidente de la caja cordobesa: mantener el empleo actual; que la economía de Córdoba y provincia no se resienta con la fusión ni pierda el respaldo financiero y de la obra social con que cuenta en la actualidad y por último que el Cabildo, como entidad fundadora de Cajasur, conserve cierto patrimonio, cuota de poder en los órganos de gobierno, una co-sede de la Obra social en Córdoba, un vicepresidente ejecutivo y un director general designado por el Cabildo.

Lo más difícil será mantener la marca en ciertos patrocinios. Y un aviso para navegantes: de no cerrar la negociación y por tanto la fusión, el Banco de España ya dejó caer la amenaza de la intervención. Y eso creo que sería lo peor. Así que Dios reparta suerte y que se ponga de lado de sus representantes en Córdoba para que cierren un buen acuerdo con los representantes de la gran caja. Por nuestro bien, que UNICAJA nos pille confesados.

martes, 14 de octubre de 2008

Movimiento circular


Estos días que han pasado desde la última actualización, han sido de auténtico pánico. Desde mi punto de vista ligeramente irracional, como todo aquello que rodea a las situaciones que no sabemos ni cómo vienen, ni cómo se van. Como un temporal donde el viento y el agua azotan nuestras más firmes bases, la situación económica y/o financiera, han tambaleado las bases de la que parecía la forma más sólida de un sistema. Y de qué manera.

Por eso, ante la situación actual, cabe una reflexión. Quizá descabellada, pero me parece que necesaria y breve. Por favor, entre todos tenemos que hacer que el círculo no se rompa. Esto es como una cadena de eslabones en la que todos son necesarios y si uno se cae, el círculo se rompe y ese movimiento que necesita el sistema, desmorona al sistema mismo.

Tal vez la confianza que esperaban los mercados está empezando a llegar. Quizá lo que necesitaban escuchar banqueros y empresarios haya llegado. Lo que los pequeños y grandes ahorradores querían se ha confirmado. Así las cosas quiénes lo tienen peor son los que han perdido el puesto de trabajo. Los que no tienen para pagar la casa. Los que ven que a sus tiendas y negocios no entra nadie.

Entre todos, tenemos que conseguir que el movimiento circular siga su curso, aunque sea más lento, pero que no se rompa ni se detenga. Y así podremos lograr lo único que se sabe en esta economía que ni es ciencia, ni es exacta: que la confianza y la seguridad den estabilidad.

Será cuestión de tiempo y, al menos esta vez, parece que los estados y sus gobiernos, y las autoridades monetarias, han estado más o menos a la altura de las circunstancias.

Ahora con el sistema revuelto y a punto de cambiar, hace falta que la sociedad recupere la confianza perdida.