Al mediodía del que suele conocerse como domingo de Pasión, apenas en las primeras horas de la primavera egabrense, Manolo Lama realizaba en el Teatro El Jardinito de Cabra su puesta en escena para ofrecer el Pregón de la Semana Santa de Cabra 2010.
Menudo plantel de personalidades que Manolo ha buscado para que hablen de Cabra y de su Semana Santa, en un montaje espectacular, bien realizado, bien presentado y sin posible parangón con nada que se haya visto en anteriores ocasiones. Ni tampoco, creo, se verá más. El pregón de Manolo Lama ha sido distinto, emotivo, cercano, dinámico, para todo el mundo. Y no solo en el sentido de que lo han disfrutado por igual niños y ancianos; cofrades y no cofrades; creyentes y menos creyentes; jóvenes, mujeres y niños; sino que también ha sido un excelente recorrido por las imágenes y voces de los más populares deportistas, toreros, presentadores de radio y televisión, periodistas, escritores, cantantes, actores y actrices, diseñadores y un largo, larguísimo etcétera hasta pasar de más de ciento cincuenta primeras figuras de todos los ámbitos que, a los ojos de cuántos presenciamos el Pregón, ya en vivo ya a través de la radio, la televisión o la prensa en internet, supusieron un auténtico revulsivo.
El pregón que Manolo Lama ha dedicado a su pueblo y a su gente, a sus cofradías y a sus paisanos, marcará algo irrepetible que quizá solo podía hacer y ha hecho, el periodista madrileño y egabrense que sigue fiel a sus raíces egabrenses sintiéndose y siendo, por derecho propio, uno de nuestros más singulares embajadores que hace gala de Cabra en toda ocasión que se le presenta y que no ha tenido el más mínimo reparo y ha puesto todo el cariño y esfuerzo, para contagiar a tanta gente de su emoción y pasión por lo nuestro.
Enhorabuena, Manolo y ten por seguro que este año 2010, además de las muchas novedades y cambios que presenta nuestra Semana Santa, será también distinto y recordado por tu excelente dedicatoria hecha Pregón para Cabra.
http://www.laopiniondecabra.com/ampliar.php?sec=actualidad&sub=noticias&art=2507
lunes, 22 de marzo de 2010
viernes, 19 de marzo de 2010
Dos meses
Mi buena amiga Mª José Carmona, me dice que soy un "perro" (por vago) y que tengo algo atrasado el blog. Pues tiene toda la razón. Llevo algo más de dos meses, sin actualizar estas líneas que hoy, solo tienen como objetivo eso, actualizar y de camino recomendar no solo la visita a su página de fotografías, invitar a la gente a que vaya a ver la exposición que va a realizar en nuestra ciudad (Cabra, por más señas) y también decirle que me encanta en el sentido más literal del término, el blog de recetas con cara que se le ha ocurrido abrir en una muestra más de su eminente capacidad creativa y creadora.
Y ya puestos, dado el día que es, aprovecho para felicitarla también desde aquí, aceptando el compromiso de mantener mayor y más frecuente actualización. Aunque ahora que lo pienso, con la Semana Santa, lo mismo tengo que esperar a Abril para retomar el tema, ¿no?.
http://mjcarmona62.blogspot.com/
http://www.mariajosecarmona.es/
Y ya puestos, dado el día que es, aprovecho para felicitarla también desde aquí, aceptando el compromiso de mantener mayor y más frecuente actualización. Aunque ahora que lo pienso, con la Semana Santa, lo mismo tengo que esperar a Abril para retomar el tema, ¿no?.
http://mjcarmona62.blogspot.com/
http://www.mariajosecarmona.es/
viernes, 15 de enero de 2010
Preguntas sin respuesta
Me ha estremecido escuchar y leer las declaraciones del nuevo obispo de San Sebastián sobre el mal que sufren los "pobres" de Haití, comparándolo, teológicamente según ha explicado, con el mal que se cierne por causa de nuestra pobreza espiritual. "Quizá es un mal mayor el que nosotros estamos padeciendo que el que los inocentes también están sufriendo", concluía el prelado en sus declaraciones que respondían, teológicamente a una pregunta teológica.
Aunque así fuera, ¿a qué vienen estas declaraciones en un momento como éste, en el que el dolor se cierne sobre tantas personas?, ¿qué manera de explicar la existencia de Dios es ésta?, ¿cómo comprender sus declaraciones en un contexto de sufrimiento, comparando el mal del pecado con el de la muerte inesperada y la destrucción que surge de las entrañas mismas de la tierra?.
No lo comprendo, no acierto a situarme en el lugar de este obispo para decir lo que ha dicho en un momento así. Que se hayan extrapolado sus declaraciones, que su intención podía ser otra, que no se haya explicado bien, pueden ser justificaciones a posterori que, en principio, podría aceptar. Pero me caben muchas preguntas para las que no llego a encontrar respuesta. La vida es un don de Dios, el más preciado y valioso. Y sin vida, no hay lugar para la fe, ni para el pecado, ni para el espíritu. Perder la vida, la de la tierra, es no tener opción a pensar siquiera en la eterna, en la del más allá.
¿Cómo explicar que este mismo prelado es representante de la Iglesia en la que son miles y miles de misioneros, religiosas, voluntarios y creyentes que entregan su vida para ayudar a los demás?. ¿Cómo asumir que sus declaraciones prentendían explicar la existencia de Dios, del Jesucristo encarnado, por encima del mal del mundo, del pecado, de la pobreza espiritual?.
¿Cómo encontrar la pureza evangélica en estas afirmaciones que dificilmente pueden ser compartidas ni por el más eminente teólogo, ni por la más entregada misionera, ni por el creyente que se siente Iglesia?.
Puede que se equivocara al contestar (aunque anunciaba que lo iba a decir podía ser fuerte). Puede que no dijera lo que quería decir. Puede que no supiera comunicar lo que quería. Puede, incluso, que en el intento de explicar el mal del mundo, no acertara a poner en una balanza lo que supone la fe y el seguimiento a Cristo y lo que supone la pobreza, la muerte, el dolor, el sufrimiento de un gran número de personas inocentes que han sufrido las fuerzas de la naturaleza.
Puede incluso, que hubiera preferido callar. Pedir por los que sufren, ayudarles en situaciones como éstas. En fín, puede que se haya equivocado y, en vez de rectificar, ha pretendido justificarse.
Para ser justos, prefiero quedarme con los miles de personas que, desde la Iglesia (que no es sólo su jerarquía), siguen trabajando por seguir a Jesús, ayudando a cuántos sufren, a los que mueren de hambre, a los que necesitan lo más básico, a los desfavorecidos de la sociedad opulenta. Esta Iglesia es la que convierte la Bienaventuranzas en su programa de trabajo y esa es con la que me siento identificado. La de quiénes hacen declaraciones de este tipo, me recuerda más a una organización de poder, que a la Iglesia de Jesucristo.
Aunque así fuera, ¿a qué vienen estas declaraciones en un momento como éste, en el que el dolor se cierne sobre tantas personas?, ¿qué manera de explicar la existencia de Dios es ésta?, ¿cómo comprender sus declaraciones en un contexto de sufrimiento, comparando el mal del pecado con el de la muerte inesperada y la destrucción que surge de las entrañas mismas de la tierra?.
No lo comprendo, no acierto a situarme en el lugar de este obispo para decir lo que ha dicho en un momento así. Que se hayan extrapolado sus declaraciones, que su intención podía ser otra, que no se haya explicado bien, pueden ser justificaciones a posterori que, en principio, podría aceptar. Pero me caben muchas preguntas para las que no llego a encontrar respuesta. La vida es un don de Dios, el más preciado y valioso. Y sin vida, no hay lugar para la fe, ni para el pecado, ni para el espíritu. Perder la vida, la de la tierra, es no tener opción a pensar siquiera en la eterna, en la del más allá.
¿Cómo explicar que este mismo prelado es representante de la Iglesia en la que son miles y miles de misioneros, religiosas, voluntarios y creyentes que entregan su vida para ayudar a los demás?. ¿Cómo asumir que sus declaraciones prentendían explicar la existencia de Dios, del Jesucristo encarnado, por encima del mal del mundo, del pecado, de la pobreza espiritual?.
¿Cómo encontrar la pureza evangélica en estas afirmaciones que dificilmente pueden ser compartidas ni por el más eminente teólogo, ni por la más entregada misionera, ni por el creyente que se siente Iglesia?.
Puede que se equivocara al contestar (aunque anunciaba que lo iba a decir podía ser fuerte). Puede que no dijera lo que quería decir. Puede que no supiera comunicar lo que quería. Puede, incluso, que en el intento de explicar el mal del mundo, no acertara a poner en una balanza lo que supone la fe y el seguimiento a Cristo y lo que supone la pobreza, la muerte, el dolor, el sufrimiento de un gran número de personas inocentes que han sufrido las fuerzas de la naturaleza.
Puede incluso, que hubiera preferido callar. Pedir por los que sufren, ayudarles en situaciones como éstas. En fín, puede que se haya equivocado y, en vez de rectificar, ha pretendido justificarse.
Para ser justos, prefiero quedarme con los miles de personas que, desde la Iglesia (que no es sólo su jerarquía), siguen trabajando por seguir a Jesús, ayudando a cuántos sufren, a los que mueren de hambre, a los que necesitan lo más básico, a los desfavorecidos de la sociedad opulenta. Esta Iglesia es la que convierte la Bienaventuranzas en su programa de trabajo y esa es con la que me siento identificado. La de quiénes hacen declaraciones de este tipo, me recuerda más a una organización de poder, que a la Iglesia de Jesucristo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)