Impacta estar ante los restos óseos de un número de personas que murieron por ser o pensar diferente. O qué se yo.
 |
Fosas encontradas en el cementerio de Cabra |
Impresiona ver sus esqueletos con posturas inertes que el tiempo ha convertido en huesos y cuya memoria permanece olvidada e incluso ni se sabe quienes eran.
Estar ante unas fosas con restos humanos desposeídos de su dignidad desde el momento en que fueron asesinados es un ejercicio de respeto y memoria que no debe dejar de hacerse.
Cuando estás ante esos cráneos atravesados por agujeros de bala, ves las posiciones de unos huesos cuyos cuerpos fueron arrastrados tras la muerte, y observas el desconocimiento o ignorancia de lo que han sufrido las personas que fueron, el silencio se une a lo terrible de tal presencia.
Hoy he asistido, por voluntad propia, a un ejercicio de homenaje y memoria a unas personas que fueron represaliadas y murieron por sus ideas, por su militancia, por su manera de ser o pensar.
Y me cuesta comprender, en medio de otra guerra incomprensible, que pudiera pasar y pase aquello que deberíamos evitar.
Aún así, encontrar ese amasijo de huesos y algunas cosas más, reconcilia. Da paz a los muertos. Y a los vivos.
Y hace justicia con aquellos que fueron asesinados.
No quiero pensar en el sufrimiento y silencio de sus familiares que, aún, no han podido dar sepultura a sus restos mortales.
Unas flores y unas fotos querían servir de tributo a esos muertos sin reconocer.
Hoy he visto o imaginado (muy a mi pesar) escenas que no forman parte de una serie de televisión sino que son recuerdo y reflejo de lo que pasó. Real, como la vida y la muerte.
Gracias a quienes lo hacen posible (Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Ayuntamiento de Cabra, Arehemisa y Arataspi).
Quizá el descanso eterno esté a punto de llegarles y sus familias, si llegan a reconocerse, podrán saber qué fue de ellos o ellas.
Pero mientras, es necesario este ejercicio de recuperación, memoria, justicia.
Paz.
D.E.P.