
sábado, 8 de octubre de 2011
Me cuesta creerme lo de las obras en el Aguilar y Eslava

martes, 4 de octubre de 2011
¡Bienvenida, Profesora!

Este curso 2011/2012, la UCO recupera una profesora, la Doctora en Derecho Constitucional, Carmen Calvo Poyato. Algunos de sus amigos más cercanos pensamos que el Congreso pierde una gran diputada, eso sí, en favor de la buena profesora que recupera la Universidad de Córdoba.
Y es que desde 1996, Carmen Calvo ha tenido una brillante carrera política, siendo parlamentaria andaluza, Consejera de Cultura, Ministra de Cultura, Vicepresidenta del Congreso y diputada en la Cámara baja del Parlamento Español. Un trayectoria imparable que acaba precisamente en esta legislatura por voluntad propia y por razones que todos o casi todos, conocen hoy día.
Carmen ha pedido volver a la Universidad, que es su trabajo, tras haber renunciado de manera pública y directa a ir en unas listas con cargo a su honor o a su dignidad. Ella suele ser clara cuando habla y no esconde que haya quiénes “quieren mantener su sitio político a toda costa, incluso renunciando a su conciencia”. No es el caso de la Doctora Calvo. Ella no ha vendido su dignidad por un escaño. Ha sido leal militante en el partido que ahora va a prescindir de ella por dejar a otras y otros en el sillón o en las listas. Ha sido socialista aún cuando se decía de ella que era independiente. Ha recorrido de punta a cabo no sólo Andalucía o España, sino buena parte del mundo haciendo gala de su servicio público como representante del Parlamento andaluz, del Congreso o del Gobierno tanto andaluz como español. Y no digamos la provincia de Córdoba por la que ha sido Diputada, con mayúscula, pues no ha habido rincón cordobés ni asociación, colectivo, ayuntamiento o institución a la que no haya atendido. Sus vacaciones siempre han tenido algún momento de trabajo como parlamentaria, para acudir a alguna fiesta o a acompañar a algún cargo público, en algún acto oficial, siempre con la lealtad de una dedicación plena y constante en el servicio al que se entregaba cuando aceptó ser candidata al Parlamento andaluz por Córdoba en aquel lejano 1996 y que ha mantenido en las más altas instancias de su cometido público al servicio de España.
Hoy, Carmen Calvo vuelve a la Universidad de Córdoba, y podrá dedicarse a seguir enseñando Derecho Constitucional desde su especial condición de ex-Ministra del Gobierno de España o ex Consejera del de Andalucía. También lo hará con el recuerdo de su paso por un trabajo concienzudo y constante, casi sin descanso, en estos más de quince años de dedicación en la Política. Habrá quiénes piensen que su actuación ha sido brillante y otros que puedan opinar que podría haber sido mejor. Pero nadie podrá negarle la dedicación, el empeño, la constancia, la perseverancia, la honestidad y el cariño que ha puesto en todo aquello que se le ha encomendado en la faceta pública desarrollada.
Como ciudadano me siento orgulloso de lo que ha hecho hasta el final, algo que le honra y honra al tiempo a la Política, con mayúsculas. Como egabrense le deseo lo mejor en su vuelta a la Universidad y le agradezco todo lo que ha hecho en estos quince años. Como amigo, me felicito de su decisión, de su firmeza, de su dignidad a la hora de tomar esta decisión que para ella se que no es complicada pues es un reflejo más de su personalidad y además, me alegro enormemente que desde hoy mismo, cuando la veamos con el birrete y la muceta rojos, en ese acto de inauguración del Curso Académico en la UCO, volvamos a contar con ella como profesora de Derecho Constitucional. Y sabremos que, nuevas generaciones de alumnos de Derecho, van a tener en ella, no sólo una gran profesora, sino una muestra viva de la más reciente historia política de Andalucía y de España.
Así que, ¡bienvenida, Profesora!
lunes, 29 de agosto de 2011
Adivinar algo en lugar de saberlo todo siempre
Veía en facebook una foto de unos queridos amigos en Berlín y recordé, sin haber estado, que uno de los lugares de esa ciudad que me encantan es la columna del Ángel y el “Cielo sobre Berlín”.
Después de la enorme carga positiva de los momentos de la JMJ de Madrid, que en lo espiritual ha sido más intensa de lo mucho que ha supuesto materialmente o de esa extraña satisfacción de vivir en Cabra y estar cerca de todo (que para algo estamos en el Centro de Andalucía) y de tener unas piscinas que son la envidia de muchos y del recuerdo de los mejores tiempos de la infancia, agosto empieza a terminar.
Después de unos días de trabajo en la vecina y para mí, querida Ciudad de Lucena, retornar a Cabra, cada día, es motivo de satisfacción. Y así abría paso a los recuerdos, aunque fuera en diez minutos, mirando a la Sierra.
Quise recordar lo que pasó hace diez años, cuando tuve el honor de pregonar las Fiestas. Y recordé también que fue en aquellos días cuando tenía que asumir la pérdida de mi padre, que tanto me enseñó de tantas cosas y que tanto sigo teniendo presente cada día, aunque físicamente lo añore. Cada día más. Hay que ver lo que son las cosas. Diez años ya, ¡cómo pasa el tiempo!.
Aún así, en este agosto que termina, las tardes en el Llanete de la Huerta de Valle haciendo la carroza, nos llevan a disfrutar de unos efímeros días de gozo que anticipan el aún mayor que nos espera en Septiembre. Y disfruto de la AMISTAD. Con mayúscula y a ser posible con triángulos de colores: verde, amarillo, blanco y rojo. La que nos proporciona la edad, o la cofradía, el cariño que nada pide a cambio. La que nos aporta tanto y tanto. Que no conoce de política, ni de intereses, ni de juicios. La de verdad. La que tengo la dicha de tener.
Y el AMOR, el que sigue presidiendo el día a día de nuestras vidas, especialmente en las situaciones que son el sustento de cada minuto y que ya suma más de cuatro lustros. Algo que los ángeles, incluso los del Cielo sobre Berlín, no pueden apreciar.
Pero nosotros, si.
Y aunque parezca mentira, o resulte sorprendente, lo más gótico de todo este momento, quizá sea el rostro y la escultura “esotérica” de la que llamamos en la eclosión de nuestro septiembre “Divina Serrana”. Esa que está escondida bajo el manto y trono con el que la identificamos en nuestra retina pero que esconde los más remotos orígenes en el secreto de los siglos. Le pese a quién le pese, el símbolo y signo que más une a los egabrenses y a cuántos se sienten como tales y comparten con nosotros estos días.
Estos días, que son todo lo contrario de aciagos, más calurosos que julio, pero ilusionantes ante lo mucho que nos espera en Septiembre: Feria, encuentro con los familiares y amigos que vienen estos días, carrozas, bailes y cantes, casetas, vino y tardes de fiesta, ir y venir para “ver a la Virgen”, y un largo etcétera que cada uno conformará en sus adentros y que todos compartiremos apenas sin darnos cuenta, recreando el fervor de los siglos, la tradición de nuestros mayores y dibujando el perfil de quiénes nos sucedan.
Y lo haremos con “el deseo de experimentar todas esas emociones de las que únicamente somos testigos observadores” como niños que nada cuestionan y todo lo viven, ansiando que el tiempo se detenga y que lo disfrutemos como si fuera eterno.
Así, sin darnos cuenta, o dándonos cuenta de todo, el tiempo nos llevará a un nuevo Septiembre que estrena vivencias y rumores, que nos traen la esencia peculiar de este pueblo, apenas conocido incluso por quiénes nos jactamos de ser sus moradores.
Y así, habremos de adivinar algo, o mucho, “en lugar de saberlo todo siempre”.
Así que pasen unos días:
Siempre será Septiembre. O al menos, siempre tendremos Septiembre.
Disfrútenlo, disfrutémoslo, amigos y amigas. ¡Que ya viene la Serrana!