Radio Atalaya FM 107.3

lunes, 25 de febrero de 2013

MANIFESTARSE POR ANDALUCÍA


MANIFESTARSE POR ANDALUCÍA

Este 28F vamos a salir a las calles en una manifestación POR ANDALUCÍA, por los derechos, por el empleo, por la dignidad.

Convoca la Plataforma de Organizaciones Sociales de Andalucía y lo hacen reclamando una idea que ya fraguó allá por el año 1977 cuando tantos andaluces salieron a las calles, reivindicar la AUTONOMÍA para Andalucía, reclamar derechos y empleo, exigir dignidad política y ciudadana. También se reclama el espíritu y la participación que los andaluces y las andaluzas tuvieron en la votación que hizo posible que tengamos una autonomía plena como Comunidad histórica del Estado Español.

Han pasado más de 35 años de aquella manifestación multitudinaria y de otras muchas que tuvieron lugar en los años convulsos de la incipiente Democracia española, fraguada a base de cesiones y consensos; de diálogo y concertación; de esfuerzos políticos e ilusión ciudadana. Y de Política con mayúsculas, que ahora debemos volver a dignificar exigiendo a quiénes nos representan que la ejerzan con coherencia, honestidad y buscando lo mejor para los ciudadanos. 


La situación actual exige una respuesta contundente por parte de la ciudadanía. No podemos aguantarnos con lo que toque, pues tenemos la capacidad de mover ficha y hacerlo desde la seguridad que nos da tener la SOBERANÍA POPULAR que reside en el pueblo.

Salir a la calle el Día de Andalucía es un deber ciudadano, es un derecho que no podemos dejar pasar, es una manera de manifestar nuestra indignación y sobre todo, es la forma más sensata de hacer visible nuestra negativa a resignarnos.

Por eso, con el recuerdo de aquellas manifestaciones que tuvieron lugar en los años 70 del siglo pasado y que tanto influyeron en nuestra manera de ver las cosas, hoy vuelvo a coger la bandera blanca y verde, para salir a las calles un 28 F, reclamando derechos, empleo y dignidad, y hacerlo desde Andalucía y por Andalucía.

Que la calle sea un clamor. Ese es el reto del próximo 28 de febrero de 2013 que solo nosotros, participando, haremos posible. En Córdoba, la manifestación sale a las 12 de la mañana de la glorieta de la Cruz Roja. 

POR ANDALUCÍA, por los derechos, por el empleo, por la dignidad.

jueves, 3 de enero de 2013

Cuentos japoneses 日本昔話


Bulevar del Gran Capitán de Córdoba. Pasadas las tres de la tarde sigue la animación y se ven algunos de los numerosos turistas que pasean por Córdoba. Buscan, quizá, lugares por descubrir.

Una pareja de turistas en toda regla. Ella con rasgos orientales y mucho colorido en sus ropas; él con sombrero de cuadros, bufanda roja. Y cámaras colgadas. Por sus rostros, mayores que yo. Hacía frío a pesar de la hora.

Pasaba por la puerta de San Hipólito, esa colegiata ignaciana que sirve de panteón real tras un pequeño recinto amurallado en medio de la ciudad. Alguien dijo: - perdón

Volví la cara. Un hombre muy educado, hablando español con acento hispanoamericano, me preguntó si podía atenderle. Me detuve.

Antes de que yo dijera nada, empezó por decirme que buscaban un lugar donde que comer que no fuera para turistas. Querían comida casera, “como la que hagan ustedes en sus casas”. Pensé decirle que yo era de Cabra… y antes de poder hablarle, me espetó: “espero que no sea usted uno más de los muchos que en el camino que llevamos andado desde la Mezquita, nos han dicho que no son de Córdoba”. Sin duda –pensé- se les pasó la hora de comer.

- Bueno – dije- no soy cordobés de la capital, sino de Cabra donde vivo, aunque ahora ando por aquí por razones profesionales.

Bastaron mis palabras para que comenzara una breve conversación.

- ¡Ah, de Cabra, la conozco por referencias. Bella ciudad. En mis viajes he leído algún libro de Valera, sus cartas resultan muy interesantes. Sus Cuentos Japoneses, aunque breves, me gustan mucho. Y también a mi mujer. Ella es japonesa, allí vivimos desde hace años.

Y empezó a conversar mientras les dije que conocía un sitio al que, por razones de trabajo, he ido alguna vez y donde ponían comida casera con amabilidad y buen servicio, a un precio asequible. El precio no es problema, me dijo amablemente. Les invité a ir juntos pues me venía de camino.

En el breve paseo por las callejas del centro de Córdoba, me dijo que había sido profesor de Lógica en la universidad de Tokio y su mujer periodista de una revista japonesa. Que habían venido a España, en esta ocasión, de vacaciones. Y me habló de los métodos de espiritualidad que había aprendido en su vida en Japón. Yo le hablé de mis creencias cristianas y al pasar por la plaza de San Ignacio, indicó que conocía algo de la historia de las fundaciones de los jesuitas en el Japón. Me dijo de que para ellos no existe la suerte, ni tampoco los problemas. Que la vida son circunstancias que hay que sortear. Yo le mencioné la Providencia; él me habló de los “Kami”, de los seres espirituales del Sintoismo, del significado de atravesar las puertas de los santuarios japoneses y de la búsqueda de la armonía.

No tenía prisa y dudo si tenía realmente ganas de comer.

Me habló de su interés por los claveles de Chiclana o de Guadix, - mucho mejores que los de Holanda – afirmó rotundamente; que le gustaba Córdoba y su historia. Volvió a los claveles para decirme que el comentario sobre los de Holanda venía a cuento de que sabía que en más de una ocasión los habían rechazado en Japón por “unas motas blanquecinas sobre el rojo” y entonces, me dijo: Priego está cerca de Cabra, ¿no?.

Pensé que iba a hablar de algún reportaje turístico, pero no. Le conteste que muy cerca y me dijo: Conozco Priego por unas patatas fritas. Se detuvo y continuó: No se quién será el empresario que ha conseguido meter esas patatas fritas con aceite de oliva y con sal rosa del Himalaya en Japón, pero puedo asegurarle que es muy difícil vender un producto allí. Habría que felicitarlo por ello. Se refería a las patatas San Nicasio, que ha lanzado al mercado mundial Rafael del Rosal y que tanta fama están alcanzando, al tiempo que difunden al casi desconocido patrón de Priego.

Sospeché que tenían ganas de hablar, muchas ganas de hablar. Me contó un montón de cosas. Y además incluso quiso invitarme a comer con ellos. Pero les dije que tenía que irme a Cabra para compartir el Roscón de Reyes con mi familia.

Estoy seguro que hubiera seguido hablando y que habría sido una conversación interesante. Pero el final del trayecto había llegado y les dejé, no sin una amable despedida, en el lugar que me pareció andaban buscando. En el trayecto, el profesor y la periodista, hablaron como si nos conociéramos de hacía tiempo.


Al llegar a Cabra, no pude resistir las ganas de releer “El pescadorcito Urashima” y “El Espejo de Matsuyama”. Recordé la interesante conferencia de Juan Leña en el Paseo sobre estos relatos de los que el don Juan de las letras aegabras dijo: “Elijo los dos que me parecen más interesantes: uno porque se diferencia mucho de casi todos los cuentos vulgares europeos; y otro por lo mucho que se asemeja a ciertas leyendas cristianas”.

Pasé la tarde con la sensación de haber estado inmerso en un largo paseo por las embriagadoras calles de Córdoba, escuchando unos entrañables y desconocidos Cuentos Japoneses. Luego, tras leer los relatos que tradujo y recompuso Valera, recordé la conversación con unos japoneses en Córdoba y me pareció haber estado como en un viaje en el tiempo. Sin embargo, de una y otra aventuras, apenas habían pasado unos minutos.

No me tocó la haba del Roscón y disfruté de una exquisita merienda familiar en vísperas del día de los Reyes. 

domingo, 30 de diciembre de 2012

El cartero que se convirtió en carta


Los carteros y las carteras son mensajeros de noticias, unas tristes, otras alegres. Llevan en sus sacas noticias, libros, periódicos, mensajes, publicidad... se encargan de intermediar en la comunicación escrita entre la gente de todo el mundo.

Antes que se expandiera la red de redes como medio global e inmediato de comunicación personal, los carteros llevaban las cartas o las postales en las que las personas se comunicaban. Una de las costumbres que se mantiene es la de enviar postales de Navidad o “crismas” que suelen agradar a los que las reciben. Y, lamentablemente, cada día son menos los que envían cartas, de forma que esa tradición epistolar que ha dado al mundo magníficas colecciones, entre las que cabe recordar a uno de los más prolíficos, Juan Valera, o a uno de los más antiguos, Pablo de Tarso; podría terminar perdiéndose.

Me gusta recibir cartas que no sean sólo información bancaria, publicidad, multas o convocatorias varias. Es cierto que hasta hace algún tiempo he mantenido la costumbre de enviarlas. Aunque confieso que cada vez me cuesta más y uso otros medios alternativos.

El hilo conductor de este comentario que escribo en la mañana del penúltimo día del año, no es otro que haber visto en el Museo Aguilar y Eslava la puesta en escena de la obra de títeres que da nombre a estas líneas por la compañía El Grillo. Era un cartero que quería ser carta, para poder viajar, llevar noticias, anunciar, comunicar. Y finalmente lo consiguió. Tal era su identificación con su trabajo que dejó de ser cartero y se convirtió en carta. Los niños y niñas que acudieron a contemplar la obra disfrutaron tanto como los mayores que también asistimos.

Se unen pues dos sensaciones, una la comentada por la obra de títeres vista en el Museo, una experiencia más que interesante; la otra, el recuerdo a ese Cartero Real que nos ha dejado físicamente hace apenas unos días. Durante muchos años, Antonio Montilla fue ese cariñoso cartero que acogía a los niños y a las niñas, también a los mayores, recogiendo sus cartas llenas de peticiones y deseos, algunas realmente entrañables y solidarias, tratadas por igual con el mismo cariño y llenas de la ilusión que marca estos días previos a la Cabalgata de los Reyes Magos.

Varios amigos que son carteros, siguen animándonos a que enviemos cartas, postales, “crismas”. Y entre ellos hay un cartero especial que siempre está dispuesto a recibir todo lo que queramos pedir. Es el Cartero Real que muy pronto recibirá las de los pequeños egabrenses.

Este año, Antonio Montilla, el Cartero Real que acogió en sus brazos los deseos de tantos niños y niñas de Cabra, se ha convertido en carta y se ha marchado a seguir llevando, desde otra dimensión, la ilusión y la esperanza de los que, a pesar de los años, seguimos siendo niños y esperamos con impaciencia la llegada de los Reyes.