En estos tiempos resulta que los voluntarios y sobre todo las voluntarias (pues son mujeres más del 70%), cobran un papel relevante pues han de suplir, en contra de lo que debería ser su acción, a las carencias del estado que, por manos de los gobiernos, cada vez merma más mientras éstos recortan, y recortan, y recortan. Como las pilas de duracel.
Las voluntarias y los voluntarios, están realizando de manera altruista una labor de colaboración desinteresada que ayuda a las personas, a las familias, a las instituciones, a la sociedad en general. Son más de seis millones de personas en total y han crecido en torno a un 20% desde el pasado año. Más de un millón se dedican exclusivamente a tareas de acción social. Señal que hacen falta y que con ello se demuestra la falta de responsabilidad del estado, preocupado en salvar a los poderosos mientras sigue pidiendo esfuerzos a la población que ya no puede más.
La respuesta de la ciudadanía habría de ser contundente. No solo colaborando como voluntariado en diferentes campos entre los que está la acción social, sino contestando a esas medidas del todo insolidarias e injustas de los gobiernos, preocupados más por salvar a los poderosos que por permitir seguir viviendo a los ciudadanos a quiénes representan.
Mientras tanto, las voluntarias y los voluntarios "son un canal básico de detección y atención de las personas vulnerables" según han afirmado responsables de alguna de las organizaciones que trabajan con ellos y ellas.
Gracias a las personas que trabajan como voluntarios. Gracias por su trabajo y esfuerzo. Gracias por atender todas aquellas cuestiones que necesitan de la gente para poder salir adelante.
jueves, 6 de diciembre de 2012
sábado, 10 de noviembre de 2012
Relato triste de una desahuciada.
No estoy
seguro si había cumplido los 50 años pero había sido feliz buena parte de ellos.
Es verdad que también conoció la tristeza y el dolor, pero quiénes la trataban
decían que era dichosa aunque tuviera sus problemillas. ¿Quién no los tiene
casi a diario?
Durante algún
tiempo trabajó al servicio de los demás, de manera altruista. Estuvo en
política local, la que dicen que más cerca está de los ciudadanos para
ayudarles. Desde su militancia femenina participó en la asociación de mujeres del
barrio y además estuvo en el AMPA del colegio de los niños. Se implicó con los
suyos y dio lo que pudo de sí misma.
Tenía una
hipoteca, sí, como tanta gente que quiso tener vivienda propia y que no tenía
recursos. Los pidió a la caja de ahorros, la misma que subvencionaba las
actividades deportivas del pueblo con su obra social. Y la iba pagando bien;
con sus esfuerzos, con algún retraso, pero pudiendo con ella.
Mientras
trabajaba - muchas horas al día para no perder el puesto – no tuvo problemas
para vivir y mantener a sus hijos. El padre se despreocupó de ellos cuando
decidió abandonarla por no se sabe qué historias.
Nadie había
observado nada raro en ella. Parecía feliz, era muy trabajadora, dichosa en su
soledad familiar, entregada en sus implicaciones, tremendamente respetuosa y
algo tímida.
Pero llegó la
crisis y empezaron las dificultades para
cobrar a final de mes. Le redujeron el sueldo, le aumentaron las horas de
trabajo, dejaron de pagarle la ayuda para el colegio. Sintió miedo de pensar
que algo malo pudiera pasarle a los suyos.
Las noticias
decían que la caja de ahorros en la que tenía la hipoteca iba a quebrar y que
tenían que darle dinero para evitar esa quiebra.
Llegó la mala
hora en que el miedo se convirtió en carta y una comunicación le avisó: en
quince días terminaba su relación laboral. Apenas si le dieron indemnización
pues las nuevas normas laborales habían cambiado y se aplicaron al pie de la
letra.
Comenzó a
llorar a escondidas. Dormía mal. No sabía qué hacer.
En la cola del
paro se encontró con algunos conocidos con los que apenas si compartió una
mirada de complicidad en la difícil situación que les tocaba vivir. No se
atrevió a hablar con nadie.
Cobró el paro,
guardó lo que pudo y pagó hasta que ya no le fue posible hacerlo. Apenas tenía
para dar de comer a sus hijos.
Empeñó y
vendió los pocos oros que tenía y a pesar de dejar en ellos algunos recuerdos
valiosos, se sintió terriblemente liberada. Pero no tenía nada más. Bueno, sí,
tenía una hipoteca que no podía pagar. Y pensó que si a la caja la habían
salvado con dinero quizá pudiera ella tener la misma suerte. Pero no fue así.
Sus padres la
ayudaban en lo que podían, pero la paga de los abuelos no daba para más.
No encontraba
trabajo. No tenía ingresos. No sabía qué hacer.
Fue a caritas,
pues alguien le dijo que allí podrían ayudarles. Le pagaron algún recibo de la
luz y empezó a ir al comedor social donde al menos encontró calor y buena
comida. No era creyente ni había estado vinculada a la parroquia, pero nadie le
pidió explicaciones y recibió la ayuda que solicitaba.
Su situación
le parecía insostenible. No sabía como explicar a sus hijos lo que pasaba, pero
lo hizo el primer día que fueron al comedor de caritas.
En los
servicios sociales tampoco podían hacer nada para pagarle la hipoteca. Estaba
deprimida, abatida, agotada.
Pasaron varios
e interminables meses que le parecieron años y no paraban de llegar cartas del
banco. No entendía muy bien porque se llamaba ahora banco si cuando a ella le
dieron dinero era una caja de ahorros. Le daba igual. El problema era mucho más
grave para ella.
Todos los días
buscaba trabajo y apenas si daba algunas horas en una comunidad limpiando las
escaleras. Pero con eso apenas podía pagar lo justo. No tenía para la hipoteca.
Un mes. Otro,
otro y otro. Le dijeron que la hipoteca se iba a ejecutar. No sabía que era
eso. Preguntó y conoció lo peor. En unos meses, si no se ponía al día, le
quitarían la casa.
Estaba
furiosa. Quiso hablar con el que más mandaba en la caja, al que conocía de
cuando las subvenciones. Pero le dijeron que lo habían echado por no sé qué
razones. Al parecer fue un mal gestor, aunque le dijeron que había cobrado un
buen montón de euros, millones.
¡Qué
barbaridad! – pensó – ¿para eso les dieron tanto?
No podían
ayudarla. Eso le dijeron aunque ella pensaba que en realidad no querían. Total
si el banco que fue caja era ya del gobierno, con que éstos pararan la cosa no
le quitarían la casa. Tanta hipoteca no le quedaba. Nadie leyó sus cartas y si
lo hizo, no tuvo en cuenta lo que ella pedía.
Quiso dar el
piso para cancelar la deuda. Pero le dijeron que no era bastante; que aunque
diera el piso, seguiría debiendo lo que quedara de préstamo.
Pensó irse de
alquiler, pero en aquella situación no tenía bastante; los alquileres habían subido y aunque había muchas viviendas vacías, ninguna se alquilaba a un precio que ella pudiera pagar. Tampoco había viviendas sociales, habían dejado de hacerlas.
A partir de
ahí las cosas se sucedieron mucho más rápido de lo que nadie imaginaba. La justicia era rápida para
estas cosas. No pudo hacer nada y el día menos esperado le avisaron de que iban
a desahuciarla. Le sonaba de la prensa y jamás pensó que le tocaría a ella.
Ahora la caja era un
banco. Intentó buscar soluciones. Pero no le podían dar otro crédito ni alargar el que tenía. Tuvo que aprender
a la carrera qué era eso del desahucio.
Pasaron
algunas semanas y le anunciaron el día que le harían el desahucio. No quiso
decir nada a nadie. Guardó silencio, se hizo aún más reservada.
Ella no podía
vivir así. Fue a ver a sus padres y les dijo que iba a buscar trabajo fuera y
que a lo mejor les iba a dejar los niños hasta que lo encontraran. Ellos le
dijeron que lo que hiciera falta.
Durante
aquellas semanas, por las tardes compartió con sus hijos muchas horas. Los
niños pensaron que estaban de vacaciones.
La víspera del
día que le habían dicho que iban a desahuciarla, dijo a sus hijos que esa noche
y algunas más, tenían que quedarse en casa de los abuelos pues ella iba a ir a
otro sitio a trabajar para ver si se arreglaban las cosas. Un hilo de esperanza
brilló en los ojos lacrimosos de aquellos niños que no entendían casi nada de
lo que estaban viviendo. Pero lo comprendieron con una cordura increíble. Se abrazaron lo más fuerte que pudieron y se
despidieron de mamá.
A la mañana
siguiente llamaron a la puerta. Ella estaba sentada en el salón. No había
dormido nada. Guardó en cajas lo que pudo y las dejó preparadas, como si se
fueran de mudanza.
En un momento
pasaron por su mente miles de recuerdos, de imágenes, de vivencias. Buscó
respuestas, quiso compartir lo que no había dicho a nadie. Pero ya era tarde.
Se asomó al
balcón para respirar profundamente antes de abrir la puerta. Estaba muy
nerviosa. No sabía qué hacer. Llamaron de nuevo a la puerta y solo podía
llorar.
Todo fue muy
rápido. Se asomó al balcón y se dejó caer.
Su cuerpo se
estrelló en el suelo de la calle.
Ahora no tenía
nada, había perdido la vida. El desahucio se llevó algo más que un piso. Pudo
con ella.
Si las cosas
fueran de otra manera, hoy podría estar rehaciendo su vida y volviendo a
ilusionarse con aquel trabajo que le habían ofrecido fuera de la ciudad. Pero
ya es demasiado tarde.
Los mandamases de aquella
sociedad injusta pudieron salvar al banco de la quiebra, pero estuvieron impasibles ante los graves problemas por los que pasaban muchas personas.
Decían que se habrían podido parar las
ejecuciones hipotecarias. Que se podía haber aceptado la dación en pago. Que se tendrían que haber dado una moratoria. Quizá
se podrían haber hecho algunas o muchas cosas para evitar todo lo que había
pasado, pero nadie, de entre los que pudieron, lo hicieron.
Tenía derecho a una vivienda digna, a un trabajo, ...
... pero ella, sin saber por qué, se había quitado la vida.
... pero ella, sin saber por qué, se había quitado la vida.
miércoles, 8 de agosto de 2012
El Picacho de la Virgen de la Sierra de Cabra: Balcón de Andalucía
En los próximos días el histórico Santuario de Nuestra Señora de la Sierra de Cabra, será de nuevo cita obligada para devotos y peregrinos que acudirán a la XCIX Romería de Votos y Promesas que tiene lugar los días 14 y 15 de agosto en el Picacho. Un lugar de extraordinaria belleza y desde cuyo Mirador, se divisa buena parte de Andalucía; uno de los parajes más destacados del Geoparque Natural Sierras Subbéticas cordobesas que cuenta con el reconocimiento como Sitio Natural de Interés Nacional.
El desarrollo reglamentario de la Ley se completó con un Real Decreto de 1917 que creaba la Junta Central de Parques Nacionales y encargaba a los Distritos Forestales que recogieran información de los lugares que pudieran ser protegidos por la nueva normativa. En el Decreto se establecía que solo algunos lugares excepcionales podrían ser declarados como parques nacionales, por lo que se planteaba la creación de una figura de menor rango a la que llamaron Sitio Nacional.
Ese mismo año de 1917 se preparó en Cabra un extenso y completo expediente, al que Juan Carandell apoyó de manera fundamental y destacada. Contenía un informe científico de gran nivel, firmas, apoyos de científicos, de otros pueblos de la comarca y de la Diputación Provincial por el que se solicitaba el reconocimiento como Sitio Nacional, para una de las cumbres más singulares del Macizo de Cabra: el Picacho de la Virgen de la Sierra. Sin embargo esta solicitud no se vería atendida pues la aplicación de la normativa se paraliza. Tras la declaración del primer Parque Nacional -Montaña de Covadonga-, que tuvo lugar en 1918, y del primer Sitio Nacional -San Juan de la Peña (Huesca)- en 1920, la Ley de Parques Nacionales de 1916 dejó de aplicarse y no sería hasta la publicación de una Real Orden de 15 de julio de 1927, cuando se vuelve a tomar en consideración la importancia de conservar el entorno natural por parte de las administraciones públicas.
En la nueva norma de 1927 el profesor de la Universidad Central de Madrid (que lo había sido también del Instituto de Córdoba), Eduardo Hernández-Pacheco, tiene un papel importante marcando las líneas básicas para la creación de dos nuevas figuras de protección del medio ambiente: Sitio Natural de Interés Nacional y Monumento Natural de Interés Nacional. Un Real Decreto de 26 de julio de 1929 reordena la Junta Central de Parques Nacionales en la que continúa como vocal Hernández-Pacheco que también es designado Delegado Inspector de Sitios y Monumentos Naturales de Interés
Nacional.
La Gaceta de Madrid recoge las nuevas figuras por las que "aquellos parajes notables por su belleza natural, lo pintoresco del lugar, la
exuberancia y particularidades de la vegetación espontánea, las formas
especiales y singulares del roquedo, la hermosura de las formaciones
hidrológicas o la magnificencia del panorama y del paisaje, puedan ser
declarados Sitios naturales de interés nacional" . También se habla de monumento natural para "señalar, distinguir y dar a conocer las más escogidas bellezas naturales de las muy numerosas que existen en el territorio patrio, al modo como se señalan y protegen los monumentos notables de orden arqueológico, histórico o artístico".
El expediente que se había iniciado el 18 de abril de 1917 impulsado por el hermano mayor de la Virgen de la Sierra y director de La Opinión, Manuel Mora Aguilar y el Ayuntamiento de Cabra, con el apoyo de Carandell y sus amigos geólogos, aquellos "sabios" que vinieron a la Sierra en el Congreso Geológico de 1926, se vuelve a plantear ante Hernández-Pacheco, que ya había visitado el lugar en 1921. Era un expediente voluminoso, con más de seis mil firmas, que llevó a Madrid el propio Mora Aguilar, como recoge el número 905 de La Opinión.
Finalmente el Picacho de la Virgen de la Sierra de Cabra, también conocido como Balcón de Andalucía, es declarado Sitio Natural de Interés Nacional por Real Orden de Alfonso XIII de fecha 11 de julio, publicada en la Gaceta de Madrid el 13 de julio de 1929, encargándose su gestión al Ayuntamiento y a la Hermandad de la Virgen de la Sierra, conjuntamente. Desde entonces, se autoriza que ondee la bandera de España en las fechas oficialmente señaladas, en los días de romería, en visitas oficiales y las excursiones que puedan realizarse de manera extraordinaria.

La Opinión de Cabra del 21 de julio de 1929 recoge amplia información del tema que también sale publicado en ABC de Madrid del 20 de julio. La información sobre la legislación naturalista y otros datos del profesor Hernández-Pacheco, pueden consultarse en la introducción que Santos Casado realiza la edición facsímil del libro publicado por Eduardo HERNÁNDEZ-PACHECO. La Comisaría de Parques Nacionales y la protección de la naturaleza en España [Madrid, 1933]. Madrid: Organismo Autónomo Parques Nacionales, 2000.
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