Desde hace mucho tiempo Las Meninas, de Velázquez, me ha causado una atracción irresistible. Y llevo algo menos en que me he dispuesto encontrar el máximo número posible de representaciones, versiones, interpretaciones y cualquier forma de mostrar la gran influencia de este cuadro hasta nuestros días.
Su influencia en la pintura, especialmente en artistas españoles, es sorprendente. Cada cuál le ha dado su especial visión, lo ha interpretado a su manera, ha adaptado la iconografía, ha cambiado, ha mezclado ... en fin, que no se han podido resistir a recrearlas y ofrecérnoslas en sugerentes obras que me dispongo a compartir.
Hoy me estreno aquí con una obra que me parece apasionante: El número secreto de Velázquez, que Salvador Dalí realizó en la década de los 60 del siglo XX para una exposición en Nueva York. Lo mejor de todo, además del monocromatismo de la composición, es haber cambiado los personajes de la escena y sustituirlos por números. Números del 1 al 9, dispuestos según la libre inspiración de Dalí y con la singular y triple repetición del 7. Algo que no es casual en un surrealista de 24 horas diarias como es el Genio de Cadaqués.
"Dalí se identifica con el número siete, pitagórico y poético" dice Tomey l'Amo en su obra El nacimiento intrauterino de Salvador Dalí y puede que esa sea una de las claves de este triple siete que aparece en el cuadro que hoy traigo a esta #meninofilia
Ninguna de las versiones ha sido una simple copia. Este de hoy no lo es menos y ya veremos como Dalí se recrea más de una vez en él.
Mi #meninofilia es una manera de tributar mi admiración al cuadro de Velázquez y de su obra, pero también de las numerosas versiones realizadas por genios como Dalí.
Espero que les guste.
miércoles, 8 de febrero de 2017
domingo, 4 de diciembre de 2016
#4deDiciembre, Día de Andalucía
Paseando por la avenida del Gran
Capitán, en Córdoba, contemplo algunas de las portadas que Diario Córdoba ha
colocado a modo de exposición con motivo de su 75º aniversario. Llama la
atención en la histórica cabecera que desde que comenzó a usar tinta de color,
lo hace en rojo, que la portada del 6 de diciembre de 1977 aparezca con la
impresión en verde. Es un homenaje a lo que pasó en Andalucía aquel 4 de
diciembre de 1977 que hoy traigo a esta entrada.
39 años después, el 4 de diciembre sigue teniendo para mí unas
connotaciones de marcada significación. Seguramente haberlo vivido en primera
persona y en la etapa más sugerente del último cuarto del siglo XX, tienen un
valor añadido. Y es lo que lleva a considerar con mayor carga de significación,
recordando el valor de una fecha que quedó eclipsada por la del 28 de
febrero.
Hablo de Andalucía, claro. Del
sentimiento de la Autonomía conseguida con el
tesón de un pueblo que la pidió desde la calle, desde la movilización y desde
el sentimiento común de querer ser de primera. Hablo de una manifestación que
sorprendió a propios y extraños y que motivó una convulsión política. Sobre
todo en aquellos que no habían previsto que Andalucía, sería una de las
nacionalidades históricas que reclamaría su sitio en el estado autonómico que
estaba fraguándose.
Y el Pueblo Andaluz,
ávido de libertades, necesitado de justicia y de reformas, no dudó en salir a
nuestras calles y plazas. Lo hizo en grandes ciudades y también en pueblos
pequeños. Lo hizo también en Madrid y sobre todo en Barcelona. No se escondió
de aquellos últimos coletazos de un régimen agonizante ni de los peligros que
entrañaba salir a la calle con banderas andaluzas, con símbolos prácticamente
prohibidos y con el deseo de auto-gobierno para Andalucía.
Sin las manifestaciones
del 4 de diciembre, Andalucía no habría conseguido poner de manifiesto su
sentimiento autonomista ni llegar al Pacto de Antequera para
conseguir la pre-autonomía o luego llegar al 28-F para conseguir la autonomía
plena del artículo 151 de la Constitución del 78. Sin aquella reivindicación de
un Estatuto de Autonomía para Andalucía, el planteamiento del nacionalismo
histórico o el concepto de estado autonómico, habrían sido distintos.
En medio de aquellas grandes masas de
manifestantes, hubo un hecho trágico: la muerte de Manuel José Garcia Caparrós
por un disparo de la policía armada, por intentar subir la bandera de
Andalucía que el presidente de la diputación de Málaga había impedido colocar
en el balcón. Una muerte que se convirtió en exponente de una reivindicación de
la Andalucía real, la de la gente normal que se echó a la calle por Andalucía.
La que hizo oficial una Andalucía en la que nadie quería fijarse.
Hoy es también domingo, como lo fue
aquel 4 de diciembre de 1977, referente para la historia del pueblo andaluz que
no debe olvidarse. Origen de nuestra plena autonomía y de una conciencia
andaluza que, para muchos, representa el Día Nacional de Andalucía.
Una fecha que sigue más viva de lo que
pueda parecer y que va recuperando su papel en el imaginario colectivo andaluz.
Feliz 4 de diciembre.
¡Viva Andalucía Libre!
@anrajimo
sábado, 17 de septiembre de 2016
Termens: un lugar muy especial
No hay nada como conocer, y mejor
aún re-conocer, realidades que habitualmente nos pasan inadvertidas teniendo
una importancia realmente significativa.
Es lo que ocurre cuando se visita
alguna ciudad y se ven por fuera sus monumentos de manera superficial. En
algunos de ellos, al entrar, descubrimos auténticas obras de arte que, como
pasa con los tesoros ocultos, nos sorprenden y necesitan que nos adentremos
para conocerlos.
Hace unos días, fui con unos
amigos para ver lugares de Cabra que nos gusta mostrar con orgullo patrio - en
el sentido más rilkeniano del término - a nuestros invitados. Uno de ellos es la Fundación Termens, donde no solo conocimos el tesoro artístico de su interior. Tuvimos la dicha de conocer, de primera mano, el considerado auténtico tesoro de la casa: las personas
especiales que acuden al colegio, los hombres y mujeres que con las religiosas
forman una comunidad educativa que atiende las necesidades especialísimas de la
cincuentena de personas de todas las edades que reciben atención allí, en el
Colegio Niño Jesús de las Hijas de la Caridad de Cabra. Un lugar, que por cercano y
cotidiano, como ocurre con lo realmente importante, puede pasarnos inadvertido.
Y qué satisfacción al re-descubrirlo o al conocerlo por vez primera.
Al volver a Termens vienen al presente los recuerdos de la infancia en aquellas aulas del antiguo colegio donde aprendí las primeras letras, conocí las primeras amistades y compartí los primeros pasos en la formación integral como persona. El cariño hacia aquella institución y el afecto a las personas que han formado y forman su comunidad, las Hijas de la Caridad, añade otro factor que hace la visita más entrañable aún. El espectacular conjunto de obras de arte que alberga, la capilla, con el panteón de la Vizcondesa y la historia de esta singularísima mujer, son otros aspectos que, aunque puedan parecer materiales, están llenos de sentido y riqueza también inmaterial. El entorno sigue sumando para completar los atractivos, en esa especie de oasis céntrico, de un espacio que se nos presenta impecable, cuidado, bien estructurado, armónico y que ayuda sobre manera para que nuestra visita a Termens sea siempre, siempre, muy satisfactoria.
El colegio es distinto como son
distintas las personas que forman su alumnado. El ambiente de las espaciosas
aulas y de los talleres desde las edades más tempranas hasta los 21 años, permite
que el profesorado con sus monitores y personas de apoyo, se dedique con
auténtica pasión por esa tarea educativa que descubrimos en cada una de sus
distintas facetas. Nada es indiferente en un sitio así, donde las necesidades
especiales son atendidas de manera específica.
Al no estar sor Pilar, hicimos
con sor Emilia un recorrido por todo el centro comprobando el nivel y la
calidad que ofrecen sus instalaciones. Llama la atención la profesionalidad, la
dedicación, el cariño y la auténtica vocación de las personas que trabajan con
los niños y niñas y también con los jóvenes para conseguir que, en la medida de
sus posibilidades y circunstancias físico-psíquicas, tengan una autonomía
personal a la hora de dejar este colegio.
Nos contaron los problemas con el
transporte, que dificulta la asistencia de alumnado de otros municipios que
acude al centro: no podrán hacerlo si no cuentan con esos medios. Y el esfuerzo
que supone mantenerlo todo en perfectas condiciones. Los recortes no deberían, ya
lo sabemos, afectar a este tipo de necesidades. Y nos dijeron que a veces hay
carencias que, aun siendo centro concertado, suponen un esfuerzo añadido para mantener la
calidad, el nivel de atención y la adaptación de los espacios, los materiales y
cuántas necesidades del alumnado han de ser cubiertas. Y para eso, siempre está detrás la comunidad, para
mantener lo que haga falta en este centro que tenemos en Cabra.
Nos decía su directora, Conchi
Fernández, que este colegio no es un lugar como los que había antiguamente
cuando se “encerraba” a estas personas, ¡ni mucho menos!. Es un centro donde se
trabaja la estimulación y el desarrollo adaptados a cada una de las etapas,
edades y circunstancias personales del alumnado. Donde se desarrolla el
proyecto educativo y el proyecto curricular de un centro específico de
Educación Especial y nada se deja al azar. El profesorado, monitores, las
propias religiosas y todo el personal, conforman junto al alumnado, una
comunidad educativa que, como este colegio, es muy especial y goza de una
grandísima profesionalidad.
Al comienzo de este curso hemos
tenido la ocasión de volver a visitar Termens, algo que siempre es enormemente
gratificante. El recorrido, completo, ha sido muy significativo, no solo hemos
vuelto a admirar las esculturas y obras de arte modernistas que guarda su
interior. Nos ha vuelto a brindar la oportunidad de actualizar lo que allí
ocurre cada curso escolar y que nos ha permitido recordar que estamos ante una
educación y un lugar muy, muy especial.
Créanme que merece la pena conocerlo en
toda su extensión.
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